{"id":568,"date":"2021-02-03T16:02:54","date_gmt":"2021-02-03T16:02:54","guid":{"rendered":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/?p=568"},"modified":"2021-02-03T16:05:38","modified_gmt":"2021-02-03T16:05:38","slug":"sobre-la-escritura-el-libro-y-la-lectura","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/?p=568","title":{"rendered":"Sobre la escritura, el libro y la lectura"},"content":{"rendered":"<p><span class=\"reference\"><a style=\"box-sizing: inherit; outline: none 0px !important; background-color: transparent; line-height: inherit; color: #232222; text-decoration: none; cursor: pointer; display: inline; position: relative; text-transform: uppercase;\" href=\"https:\/\/www.cuatrogatos.org\/detail-articulos.php?id=1350#\" data-title=\"Hern\u00e1n Rodr\u00edguez Castelo\" data-desc=\"&lt;span style=&quot;font-size: 1em;&quot;&gt;Nacido en 1933 y fallecido en 2017 en la ciudad de Quito.\u00a0&lt;\/span&gt;Escritor y cr\u00edtico literario y de arte ecuatoriano. Fue autor de una amplia bibliograf\u00eda dirigida a los lectores infantiles y juveniles, dentro de la que sobresalen t\u00edtulos como\u00a0&lt;em&gt;Caperucito azul&lt;\/em&gt;,\u00a0&lt;em&gt;Tontoburro&lt;\/em&gt;,\u00a0&lt;em&gt;El fantasmita de las gafas verdes&lt;\/em&gt;,\u00a0&lt;em&gt;Memorias de Gris, el gato sin amo&lt;\/em&gt;\u00a0y\u00a0&lt;em&gt;La verdadera historia del cerdito&lt;\/em&gt;. Public\u00f3, adem\u00e1s, ensayos y libros de investigaci\u00f3n literaria como\u00a0&lt;em&gt;Claves y secretos de la literatura infantil y juvenil&lt;\/em&gt;\u00a0y&lt;em&gt;\u00a0El camino del lector&lt;\/em&gt;. Miembro de la Academia Ecuatoriana de la Lengua.\">HERN\u00c1N RODR\u00cdGUEZ CASTELO\u00a0<\/a><\/span><\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"\" src=\"https:\/\/www.cuatrogatos.org\/assets\/img\/logo-header-01.svg\" alt=\"Fundaci\u00f3 Cuatrogatos\" width=\"193\" height=\"193\" \/><\/p>\n<div class=\"desc m-t-2\">\n<div><b>1<\/b><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Uno de los d\u00edas memorables de mi infancia fue aquel en que aprend\u00ed a leer. Solo, con\u00a0 un libro que se llamaba Semillitas, descubr\u00ed que uniendo las letras \u00abm\u00bb y \u00aba\u00bb y otra \u00abm\u00bb y otra \u00aba\u00bb le\u00eda la palabra \u00abmam\u00e1\u00bb, e igual cosa ocurr\u00eda con \u00abca\u00bb y \u00absa\u00bb. Ya no era cuesti\u00f3n sino de seguir reconociendo palabras escritas y unirlas. \u00a1Ya s\u00e9 leer!, fue mi jubiloso hallazgo.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y \u00bfpor qu\u00e9 era tan importante en esa casa saber leer?<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Porque viv\u00edamos rodeados de libros. En toda suerte de estantes y alacenas y por donde se pod\u00eda ubicarlos. Mis dos padres eran profesores y lo \u00fanico que ten\u00edan en abundancia era libros.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Poco a poco fui cobrando destreza lectora y accediendo a muchos libros que me divert\u00edan. Recuerdo, entre esas primeras lecturas de libros, los de Constancio C. Vigil, de la Biblioteca Infantil Atl\u00e1ntida, cada p\u00e1gina con\u00a0 una divertida ilustraci\u00f3n de Federico Ribas:\u00a0<i>Bot\u00f3n Tol\u00f3n<\/i>,\u00a0<i>La Hormiguita Viajera<\/i>,\u00a0<i>El Manchado<\/i>,\u00a0<i>Juan Pirincho<\/i>&#8230;<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Yo fui muy tempranamente un gran lector. Lo que leyese lo entend\u00eda y, con ciertos libros, me divert\u00eda.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Mis dos primeros a\u00f1os de escuela fueron un desastre: \u00a1cuatro escuelas! Y de dos de ellas expulsado&#8230; Para completar el segundo grado fui a parar, por mi madre, que era muy cat\u00f3lica, al Pensionado La Salle de Hermanos Cristianos, donde complet\u00e9 ese grado e hice el tercero. All\u00ed todo funcionaba por vales y competiciones. En lectura nos hac\u00edan parar a todos los alumnos del grado junto al pupitre, todos con el libro de texto en la mano. Y el se\u00f1alado le\u00eda en voz alta. Si le\u00eda bien, avanzaba unos puestos hacia lo alto de la fila; si mal, bajaba. Me toc\u00f3 leer y lo hice tan bien que sub\u00ed, de una, no s\u00e9 cu\u00e1ntos puestos. Para m\u00ed leer as\u00ed no ten\u00eda nada de raro.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En la escuela en que complet\u00e9 mi primaria un grupo de alumnos le\u00edamos incansablemente, uno tras otros, unos folletones de aventuras:\u00a0<i>La Sombra<\/i>,\u00a0<i>Bill Barnes<\/i>,\u00a0<i>Doc Savage<\/i>&#8230; Pero yo, en una alacena de la casa di con un tesoro:\u00a0<i>Morgan<\/i>,\u00a0<i>El Corsario Negro<\/i>,\u00a0<i>Honorata de Wan Guld<\/i>&#8230; \u00a1Salgari! \u00a1Cu\u00e1ntas noches me desvel\u00e9 viviendo las andanzas de esos filibusteros, que para m\u00ed eran estupendos h\u00e9roes!<\/div>\n<div><\/div>\n<div>De all\u00ed al mundo de la capa y espada hab\u00eda un paso y me fascin\u00e9 con\u00a0<i>El Jorobado<\/i>\u00a0o\u00a0<i>Enrique de Lagardere<\/i>, de Paul Feval, y con E<i>l caballero de la taberna<\/i>\u00a0y\u00a0\u00a0<i>El Cisne Negro<\/i>, de Sabatini. Algunas de esas novelas las le\u00eda en la revista argentina\u00a0<i>Leopl\u00e1n<\/i>, que en cada n\u00famero tra\u00eda una novela completa. En\u00a0<i>Leopl\u00e1n\u00a0<\/i>leer\u00eda mi primer Tolstoi y mi primer Dostoievski.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero vuelvo a los a\u00f1os escolares, a mis doce a\u00f1os. Cuando se acercaban las vacaciones de verano \u2014que duraban tres meses\u2014, en casa todos nos prove\u00edamos de libros. Mis padre los tra\u00edan de las bibliotecas de sus colegios. Y lo cuento porque en esas vacaciones de mis doce a\u00f1os di con uno de los mayores hallazgos de mi historia de lector:\u00a0<i>Los tres mosqueteros<\/i>, de esa enorme figura de la literatura francesa que es Alejandro Dumas. Acabada esa novela se segu\u00eda con\u00a0<i>Veinte a\u00f1os despu\u00e9s<\/i>\u00a0y\u00a0<i>El vizconde de Bragelonne<\/i>, que ten\u00eda ya m\u00e1s de chismes de alcoba que de briosa aventura y por eso no le gustaba mucho a mi madre que lo leyese.(Como le parec\u00eda terrible, aunque no me llegase a prohibir, que yo leyese\u00a0<i>Resurrecci\u00f3n<\/i>, de Tolstoi). Algo m\u00e1s tarde le\u00ed\u00a0<i>El conde de Montecristo<\/i>, que es uno de los libros que m\u00e1s me marcar\u00edan para toda la vida&#8230;<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Le\u00eda desaforadamente. Escuela y colegio me importaban bien poco: lo que me apasionaba era leer. A muchos de los fascinantes libros que le\u00ed en esos a\u00f1os de infancia y primera juventud he rendido homenaje en mi obra\u00a0<i>El camino del lector<\/i>. Ante esos 2.600 libros puestos all\u00ed en escalones de lectura y por apartados de preferencias lectoras, y comentados hasta apasionadamente, muchos se han preguntado: \u00bfC\u00f3mo pudo leer todo eso? Creo que lo que he recordado aqu\u00ed responde un poco a esa pregunta.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><b>2<\/b><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Alguien que le\u00eda tanto y tan bien deb\u00eda tener tambi\u00e9n destrezas de escritor. De escolar gan\u00e9 concursos de escritura e hice quedar bien a la escuela con ciertos discursitos que a los profesores les parecieron \u00abbrillantes\u00bb. (Lo cual m\u00e1s de una vez me salv\u00f3 de una nueva expulsi\u00f3n&#8230;).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y hab\u00eda en mi casa algo que me\u00a0 impulsaba poderosamente a ser escritor: los personajes a quienes mis padres admiraban, y en caso de alguno al que conoc\u00edan se ufanaban de ello, eran escritores.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y por esas intuiciones hondas, que tienen m\u00e1s de amor que de fr\u00edas razones intelectuales, mi madre estaba segura de que yo ser\u00eda escritor.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Mi madre, cuando muy joven hab\u00eda ingresado como vicerrectora a uno de los planteles m\u00e1s prestigiosos del Quito del tiempo, el liceo Fern\u00e1ndez Madrid, y all\u00ed hab\u00eda hecho amistad con la profesora de literatura del establecimiento, que era una de las mayores prosistas e intelectuales del tiempo, acaso la mayor del siglo XX en el Ecuador: Zoila Ugarte de Land\u00edvar. Seguramente habl\u00f3 a do\u00f1a Zoila del hijo que quer\u00eda ser escritor. Ello es que la ilustre escritora sol\u00eda recibirme en su departamento y me correg\u00eda mis redacciones. Y la autora consagrada charlaba con ese chiquillo de\u00a0 doce a\u00f1os sin hacerle sentir la larga distancia de edades&#8230;<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Y bien, Zoila Ugarte de Land\u00edvar me corrigi\u00f3 el primer texto largo que escrib\u00ed, casi un peque\u00f1o libro.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Al terminar el a\u00f1o escolar, la escuela Espejo, donde hab\u00eda ido a recalar mi tortuosa vida estudiantil, organizaba una gira que recorr\u00eda todo el pa\u00eds, desde Quito, pasando por las capitales interandinas y Cuenca y Loja, hasta ciudades costeras de El Oro y Guayas. Para esa excursi\u00f3n mis padres me compraron un cuaderno bastante grueso y me recomendaron que ciudad tras ciudad por donde pas\u00e1ramos escribiera lo que ve\u00eda. El cuaderno se llen\u00f3 y muy ufano puse t\u00edtulo a ese primer libro:\u00a0<i>Recuerdos de una excursi\u00f3n<\/i>.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>En mi casa no hab\u00eda m\u00e1quina de escribir. Ya he dicho que lo \u00fanico que mis padres, que viv\u00edan de sus pobres sueldos de maestros, ten\u00edan en abundancia eran libros. As\u00ed durante varias noches lo pasamos a limpio en tres copias: una escrib\u00eda mi madre, otra mi padre y la tercera yo. Y se dio cierto conflicto estil\u00edstico, porque uno era el estilo de mi madre, otro el de mi padre y otro el m\u00edo, y mis padres quer\u00edan meter mano, aunque yo protestara&#8230; Yo conservo uno de esos tres ejemplares manuscritos. El que tiene alguna correcci\u00f3n de pu\u00f1o y letra de Zoila Ugarte de Land\u00edvar.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Saltando a\u00f1os de colegio, en que escrib\u00ed muchos textos de ocasi\u00f3n \u2014en mi curso me llamaban \u00abel literato\u00bb\u2014, hice estudios de humanidades con los jesuitas, y pienso que\u00a0 en contacto con la literatura griega y latina \u2014en su lengua\u2014\u00a0madur\u00f3 mi estilo. Traduje alg\u00fan poema de Horacio \u2014\u00a1vaya reto!\u2014\u00a0y escrib\u00ed ensayos sobre esas literaturas y la ecuatoriana. M\u00e1s tarde traduje, adapt\u00e9 a la escena y dirig\u00ed su representaci\u00f3n de\u00a0<i>Canci\u00f3n de Navidad<\/i>, de Dickens.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Los mejores textos\u00a0 eran los de un diario, lo cual es un decir porque solo escrib\u00eda cuando estaba sacudido por alguna emoci\u00f3n intensa o por alg\u00fan pensamiento hondo y desasosegante. Por eso lo titul\u00e9\u00a0<i>Neuma<\/i>, que es viento, esp\u00edritu, seg\u00fan aquello b\u00edblico de que el esp\u00edritu, neuma, sopla donde quiere. Algunos de esos textos me han servido para obras literarias como\u00a0<i>Historia del ni\u00f1o que era rey y quer\u00eda casarse con la ni\u00f1a que no era reina<\/i>. Otros son importantes para iluminar aspectos de la creaci\u00f3n de otras de mis obras. Pero\u00a0<i>Neuma<\/i>, escrito desde 1959 hasta ayer no se ha publicado, y un primer tomo transcrito a m\u00e1quina lo han le\u00eddo solo unas cuatro personas&#8230;<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Los textos de\u00a0<i>Neuma\u00a0<\/i>son esas agitaciones del esp\u00edritu que he querido fijar por la escritura, en plena inmediatez.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Despu\u00e9s comenzar\u00edan los cuentos contados a peque\u00f1os amigos, en el Ecuador y en Espa\u00f1a y algunos de ellos alcanzar\u00edan la fijeza de libro impreso en El grillito del trigal. Lo m\u00e1s hondo, iluminado o ag\u00f3nico de mi visi\u00f3n del mundo y el hombre lo dir\u00eda en libros para ni\u00f1os: Historia del fantasmita de las gafas verdes,\u00a0<i>Caperucito Azul<\/i>,\u00a0<i>Tontoburro<\/i>. Aunque los adultos meneen la cabeza esc\u00e9pticos, los ni\u00f1os han entendido esos libros mejor que ellos. Y, por supuesto, los han disfrutado infinitamente m\u00e1s.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><b>3<\/b><\/div>\n<div><\/div>\n<div>Quien tiene la lectura como una de las pr\u00e1cticas cotidianas de su existencia logra, aunque sea sin que lo perciba\u00a0 conscientemente, una visi\u00f3n m\u00e1s honda y m\u00e1s rica de cuanto lo rodea, desde los humanos, comenzando por su c\u00edrculo familiar, hasta sucesos y acontecimientos del pa\u00eds y el mundo. (Y si es lector de historia o novela hist\u00f3rica ese horizonte se enriquece aun m\u00e1s).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Iniciaba un curso de animaci\u00f3n a la lectura en una peque\u00f1a ciudad de la costa ecuatoriana, Jipijapa, y ped\u00ed a las profesoras aquellas decirme por escrito el libro m\u00e1s interesante que hubiesen le\u00eddo en los \u00faltimos seis meses. (Alguna me pondr\u00eda:\u00a0<i>El Algebra de Baldor<\/i>). Y una de las cursantes escribi\u00f3:\u00a0<i>Romeo y Julieta<\/i>. En privado, le pregunt\u00e9 qu\u00e9 era lo que le hab\u00eda interesado de esa obra y me respondi\u00f3: \u00abYo tengo una hija adolescente. No la entend\u00eda, y est\u00e1bamos distanciadas. Pero le\u00ed ese libro y comenc\u00e9 a entenderla\u00bb.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Desde la experiencia de mi ya larga existencia, he de confesar que todo lo m\u00e1s decisivo de mi carrera de intelectual, maestro, ling\u00fcista, historiador de la literatura y cr\u00edtico literario y de arte lo he aprendido en la lectura. En el contacto directo, personal y solitario con el libro. Una sola historia de esa relaci\u00f3n entra\u00f1able con el libro.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ve\u00eda yo en el bar del colegio que los que m\u00e1s se interesaban por algo eran los jugadores de ajedrez, clavados sin respirar frente al tablero. Yo no sab\u00eda jugar aquello que parec\u00eda tan interesante.. As\u00ed que fui a la Biblioteca Nacional y ped\u00ed un libro para aprender a jugar ajedrez. Y la bibliotecaria, muy gentil, me pas\u00f3 un libro del gran maestro Enmanuel Lasker. A los pocos d\u00edas jugaba con mi padre. Y \u00e9l me daba las reina. Pero luego rechac\u00e9 esa ventaja. Lasker me ense\u00f1\u00f3 celadas. Y un d\u00eda cuando entregu\u00e9 una pieza, mi padre me dijo: \u00abYa te distrajiste: vas a perder el alfil\u00bb. Yo insist\u00ed en esa jugada. Y a los cuatro movimientos le daba mate&#8230; Yo y Enmanuel Lasker. Yo y el libro.<\/div>\n<div><\/div>\n<div><\/div>\n<div><i>Alangas\u00ed, 15 de noviembre de 2012.<\/i><\/div>\n<div><i>Texto escrito a solicitud de Sergio Andrica\u00edn e incluido, de forma parcial, en el libro\u00a0<\/i>La aventura de la palabra<i>\u00a0(Miami: Fundaci\u00f3n SM, Fundaci\u00f3n Cuatrogatos, 2014). Se publica \u00edntegramente por primera vez en\u00a0<\/i>Cuatrogatos<i>\u00a0en febrero de 2021.<\/i><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HERN\u00c1N RODR\u00cdGUEZ CASTELO\u00a0 1 Uno de los d\u00edas memorables de mi infancia fue aquel en que aprend\u00ed a leer. Solo, con\u00a0 un libro que se llamaba Semillitas, descubr\u00ed que uniendo las letras \u00abm\u00bb y \u00aba\u00bb y otra \u00abm\u00bb y otra&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":571,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"pagelayer_contact_templates":[],"_pagelayer_content":"","footnotes":""},"categories":[7,4,13,1],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/568"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=568"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/568\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":570,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/568\/revisions\/570"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/571"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=568"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=568"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=568"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}