{"id":303,"date":"2020-07-18T00:59:13","date_gmt":"2020-07-18T00:59:13","guid":{"rendered":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/?p=303"},"modified":"2020-08-07T14:44:13","modified_gmt":"2020-08-07T14:44:13","slug":"las-series-de-catasse","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/?p=303","title":{"rendered":"Las series de Catasse"},"content":{"rendered":"<p>Alangas\u00ed, 7 de agosto de 2003<\/p>\n<p>Carlos Catasse se ha movido entre la figuraci\u00f3n y el abstracto con las libertades que da un oficio segur\u00edsimo, y los momentos de mayor plenitud en su carrera se han dado en uno u otro de esos territorios b\u00e1sicos del arte.<\/p>\n<p>Un abstracto encaprichado en su juego de formas y colores, rico de tensiones formales, logr\u00f3 su realizaci\u00f3n m\u00e1s penetrante en su interpretaci\u00f3n del mundo en la serie El Quijote, que fue la respuesta del artista a todo ese c\u00famulo de viejas inquietudes represadas por siglos que se desbordaron cuando se conmemor\u00f3 el medio milenio de la llegada de Col\u00f3n a tierras del Nuevo Mundo.<\/p>\n<p>Rompi\u00f3 la marcha una pieza de gran formato que fragmentaba en planos cortos de verdes ricamente trabajados y reconstru\u00eda con ellos el motivo del andante caballero y pon\u00eda esa versi\u00f3n postcubista del famoso cabalgante de camino hacia una Mancha sugerida en el \u00e1ngulo inferior derecho por tierra y cielo que eran dos breves y eficaces manchas.<\/p>\n<p>Siguieron a esa original interpretaci\u00f3n contempor\u00e1nea de lo quijotesco como airosa salida hacia la aventura obras de un abstracto tenso de formas que descompon\u00edan y recompon\u00edan los motivos, intencionadas de color -que lo mismo estallaba en c\u00e1lidos que se asordinaba en l\u00edricos juegos de grises y blancos-, y pr\u00f3digas en sugestiones de sentido que tentaba calas en la Espa\u00f1a del Siglo de Oro bullente de m\u00edsticos y heterodoxos, p\u00edcaros e inquisidores, guerreros y cortesanas, procesiones de sangre y Autos de Fe.<\/p>\n<p>La figuraci\u00f3n alcanz\u00f3 dos momentos culminantes con la figura humana. En el primero seres solitarios o grupos fueron presentados en un clima casi sacro, con estilizaci\u00f3n que los aproximaba al vitralismo g\u00f3tico y un difuminado que desviaba la inteligencia m\u00e1s all\u00e1 de detalles o an\u00e9cdota a sentidos altos y hondos de esas soledades o esas relaciones. As\u00ed dos figuras que parecen encontrarse en un abrazo -la una\u00a0 de espaldas al espectador, acoge a la otra-. Intemporales, liberadas de cualquier dependencia prosaica, confinaban con el s\u00edmbolo y el signo: s\u00edmbolo y signo de esos abrazos en que ha cuajado lo mejor de la emoci\u00f3n humana, desde el de la bienvenida que dio el padre de la par\u00e1bola al hijo pr\u00f3digo.<\/p>\n<p>La otra serie de figuras fue muy distinta. De ese enrarecido clima intemporal Catasse se vuelve a seres de la calle y la noche: prostitutas, travestis, toda suerte de personajes equ\u00edvocos. Y los revivi\u00f3 con un realismo apenas estilizado; m\u00e1s bien, sutilmente ironizado. Tres de estos noct\u00e1mbulos, de rostros duros y ambiguas galas, merecieron al artista chileno ya largamente enraizado en el Ecuador el premio quite\u00f1o de pintura m\u00e1s importante, el del Sal\u00f3n Mariano Aguilera, en 1978.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s son destacables -en medio de una producci\u00f3n variada, sostenida, copiosa- algunas otras series que le han permitido a su creador sondear las posibilidades de los motivos y enriquecer el tema central con ricas variaciones compositivas, de formas y crom\u00e1ticas..<\/p>\n<p>La serie \u201cArboles de la vida\u201d \u00a0ha asumido el inagotable motivo del \u00e1rbol y le ha permitido al artista dar vida -la libre y m\u00e1gica vida del arte- a sus propios \u00e1rboles. Austeros de composici\u00f3n, estos cuadros organizan en torno a un sencillo tronco obscuro, follaje pl\u00e1stico hecho de formas libremente geometrizadas con ejercicio crom\u00e1tico que extrema juegos de contrastes y vecindades.<\/p>\n<p>Y volvi\u00f3 a la mujer. En larga serie. A lo femenino, que para Catase es m\u00e1s interior que los detalles del rostro. De all\u00ed sus figuras con rostros apenas sugeridos por una divisoria de zonas crom\u00e1ticas, que no son tal o cual mujer, sino la mujer vista como ejemplar ideal de nobleza, altivez, belleza y gracia. Hubo, sin embargo, rostros femeinos que le requirieron dar vida propia a los ojos y a la boca. Y esas f\u00e9minas nos recordaron que Catasse ha brillado tambi\u00e9n en esa pintura de g\u00e9nero en la que los artistas prueban su oficio completo, desde el dibujo hasta el color: el retrato. Catasse ha pintado retratos memorables.<\/p>\n<p>De ese cierto hieratismo compositivo de \u00e1rboles y mujeres, el inquieto creador sali\u00f3 en busca de nuevas\u00a0 libertades compositivas, a la vez que indagaba en canteras de las que pudiese extraer nuevos elementos formales que enriqueciesen los sentidos de su abstracto. As\u00ed naci\u00f3 su serie de Precolombinos.<\/p>\n<p>Llega Catasse a lo precolombino m\u00e1s de tres d\u00e9cadas despu\u00e9s de que aquello hubiera comprometido a los artistas mayores de su generaci\u00f3n -y de otras-. Y muestra que la cantera segu\u00eda riqu\u00edsima de motivos y formas. Sus formas evocaron entonces viejas formas ilustres, cargadas de valores s\u00edgnicos -las culturas amerindias fueron eminentemente s\u00edgnicas- . Y el color se carg\u00f3 de valores que remit\u00edan a esas nobles culturas antiguas, que florecieron en cer\u00e1mica y textiles. Como esquema compositivo ocurri\u00f3 el t\u00f3tem. Pero todo eso fue solo punto de partida para juegos abstractos de renovada belleza y\u00a0 sentidos nutridos por savias que llegaban de muy adentro de la tierra y de muy atr\u00e1s de la historia. El color, adentr\u00e1ndose por esas vetas hondas y misteriosas, floreci\u00f3 en los l\u00edricos azules de \u201cPrecolombino cer\u00faleo\u201d. Y los ritmos compositivos se agitaron con el aletear de m\u00e1gicas aves precolombinas.<\/p>\n<p>Desde all\u00ed se busc\u00f3 aperturas hacia juegos simb\u00f3licos m\u00e1s abiertos e iluminados -esa b\u00fasqueda de iluminaciones se tradujo en haces de luz que atraviesan las telas traspasando de blanco los conjuntos crom\u00e1ticos-. Fue la serie S\u00edmbolos del Hombre.<\/p>\n<p>Y quedaba siempre el paisajista. Ning\u00fan motivo como el paisaje para experimentar con luz y color. Vino Catasse -que entonces se llamaba Carlos Tapia Sep\u00falveda- de su Chile natal al Ecuador y le sedujo la luminosa luz ecuatorial -la de la mitad del mundo, donde en el meridiano no hay sombra-, que parece transfigurar los colores y hacer de los verdes esmeraldas; de los rojos, fuego, y de los blancos, focos de luz. Logr\u00f3 visiones\u00a0 de los verdes andinos que desbordaron estupendamente el motivo para ser intensos y sabios estudios en verde. Y para los azules se refugi\u00f3 en sus marinas, hechas en parte de nostalgias de su Chile natal, en parte de fascinaci\u00f3n por las c\u00e1lidas playas y luminosos mares ecuatoriales de su nueva patria.<\/p>\n<p>Y as\u00ed avanzan las series de Catasse. Como ejercicio de oficio -ese oficio que caracteriz\u00f3 siempre a los grandes maestros pintores- y como b\u00fasqueda de nuevas posibilidades expresivas y est\u00e9ticas. Expresi\u00f3n y belleza no por encima ni por fuera del oficio -como es ahora moda de ciertos ineptos conceptuales e instalacionistas- sino en el oficio, animando el oficio y floreciendo en el oficio. Hemos visto as\u00ed surgir -en su producci\u00f3n \u00faltima, y lo hemos registrado ya- paisajes serranos en que los verdes han sido, m\u00e1s que prados y montes verdecidos, juegos intensos, casi alucinantes de verdes -el puro color-, con solo otros breves toques crom\u00e1ticos que m\u00e1s que evocar cielos o arcillas han llegado a intensificar el efecto de los verdes. Y para el ejercicio de la pintura pura y segura en sus libertades han servido hasta motivos al parecer \u00a0humildes como floreros.<\/p>\n<p>Alguien dijo -en el primer Romanticismo-\u201cSolo la naturaleza es bella\u201d , y estos paisajes catassianos han calado ejemplarmente en esa suma de toda belleza. \u00bfQue eso es decorativo y est\u00e1 en una direcci\u00f3n abandonada ya por el arte postmoderno desde que opt\u00f3 por lo cuestionador, mientras m\u00e1s hiriente y ofensivo, mejor? Importa distinguir obra que se hace para decorar -es decir, para responder a ciertas necesidades del consumo- y obras que se hacen para calar en motivos de suyo hermosos o hasta para jugar con ellos -el arte tiene mucho de juego-, y sus efectos, algunos de ellos, al menos, resultan decorativos, con poderes para hermosear ambientes. \u00bfQui\u00e9n puede negar validez como arte a estos empe\u00f1os, que se cumplen bajo el signo de lo desinteresado, l\u00fadico y est\u00e9tico?<\/p>\n<p>Y eso es Catasse. Un Catasse. Porque el de otras series arremete -tambi\u00e9n lo hemos visto- con las m\u00e1s arduas propuestas s\u00edgnicas y ha movilizado su abstracto a la caza de sentidos -desde la memorable Serie del Quijote hasta la de los Precolombinos y la de S\u00edmbolos del Hombre-. Y hay series que insisten en ese motivo elemental e inevitable del arte de occidente que ha sido la figura humana y el rostro como sede de lo m\u00e1s expresivo de esa figura. Acaso quedaron atr\u00e1s los equ\u00edvocos travestis y las damas de la noche con sus desoladas galas carnavalescas. Pero figura y rostro siguen vigentes, objeto de h\u00e1bil ejercicio y acaso a la espera de nuevas series de aliento. Porque Catasse no para en ese di\u00e1logo con la pintura vivo, apasionado, l\u00facido y, en ciertas horas, dram\u00e1tico que ha sido y sigue siendo su existencia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alangas\u00ed, 7 de agosto de 2003 Carlos Catasse se ha movido entre la figuraci\u00f3n y el abstracto con las libertades que da un oficio segur\u00edsimo, y los momentos de mayor plenitud en su carrera se han dado en uno u&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":446,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"pagelayer_contact_templates":[],"_pagelayer_content":"","footnotes":""},"categories":[6],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/303"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=303"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/303\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":304,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/303\/revisions\/304"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/446"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=303"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=303"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=303"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}