{"id":284,"date":"2020-07-18T00:38:11","date_gmt":"2020-07-18T00:38:11","guid":{"rendered":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/?p=284"},"modified":"2020-07-22T18:05:56","modified_gmt":"2020-07-22T18:05:56","slug":"napoleon-paredes-del-ayer-al-hoy","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/?p=284","title":{"rendered":"Napole\u00f3n Paredes del ayer al hoy"},"content":{"rendered":"<p>Alangas\u00ed, 31 agosto 2003<\/p>\n<p>Una muestra amplia de la obra \u00faltima de Napole\u00f3n Paredes -su hoy-, con algunas pocas piezas rescatadas (sin m\u00e1s criterio que su disponibilidad) de per\u00edodos pret\u00e9ritos, nos tienta a ensayar una mirada retrospectiva a trayectoria que ha corrido personal e intensa, un poco -acaso demasiado- recelosa de pregonar y hasta anunciar en las vitrinas del mercado y la publicidad lo que el artista ha estado haciendo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>SUGESTIVA IRRUPCION<\/p>\n<p>En 1970 -con motivo de su participaci\u00f3n en el I Sal\u00f3n del Premio de Par\u00eds, distinguida con una menci\u00f3n- y 1974 -cuando su primera exposici\u00f3n, con Nilo Y\u00e9pez, donde Charpantier- escrib\u00ed por primera vez sobre Napole\u00f3n Paredes -en ese mirador fascinado por el arte ecuatoriano nuevo que fue <strong>El Tiempo<\/strong> quite\u00f1o-. Cuatro cosas pon\u00edan al cr\u00edtico en camino hacia la inteligencia de una obra altamente sugestiva en su dos laderas, la de lo ya hecho y la de por hacer o, mejor, como dec\u00edan los escol\u00e1ticos, \u201cin fieri\u201d, en proceso de hacerse.<\/p>\n<p>La una era el modo de tratar la figura humana. El hecho en s\u00ed m\u00e1s que personal era generacional. Paredes pertenec\u00eda a una generaci\u00f3n que, por inevitable vaiv\u00e9n pendular hist\u00f3rico, hab\u00eda vuelto a la figura. Y, en sinton\u00eda con corrientes que recorr\u00edan nuestra Am\u00e9rica desde la vigorosa deformaci\u00f3n de Cuevas\u00a0 al norte hasta los c\u00e1usticos desgarramientos de los argentinos sure\u00f1os -Deira y Macci\u00f3 eran conocidos entre nuestros j\u00f3venes artistas-, deformaban cruelmente la figura humana.<\/p>\n<p>La segunda era el color. A diferencia de otros cultivadores de la implacable deformaci\u00f3n fe\u00edsta de la figura humana, en Paredes esas tr\u00e1gicas criaturas aparec\u00edan en trabajos de ricas calidades crom\u00e1ticas. Me atrev\u00ed a hablar entonces de telas que eran una verdadera fiesta de color. Y segu\u00eda en mi retina \u201cNoche de brujas\u201d del Premio de Par\u00eds que era aquelarre de espl\u00e9ndida libertad en su juego crom\u00e1tico que iba del azul al violeta y del verde a los tierras, todo tratado con gran sutileza.<\/p>\n<p>La tercera observaci\u00f3n decisiva era la dimensi\u00f3n s\u00edgnica de esta pintura. Al signo\u00a0 primordial de la deformaci\u00f3n, significante de un ser humano torturado, se un\u00eda el de la soledad que lo cercaba y su condici\u00f3n de personaje aplastado por masas que parec\u00edan abatirse desde la parte superior del lienzo. Y el color\u00a0 tambi\u00e9n estaba traspasado por la intenci\u00f3n s\u00edgnica: signo directo y obvio de soledad y derelicci\u00f3n eran los colores fr\u00edos; pero los c\u00e1lidos acaban por sumarse al juego de significados: rojos severos, pesados, obscuros, que, tras la primera impresi\u00f3n de alegr\u00eda crom\u00e1tica, oprim\u00edan como signo de atm\u00f3sferas sofocantes. (Y algunos de esos rojos eran simplemente sangrientos y dram\u00e1ticos).<\/p>\n<p>Y el cuarto indicio de caminos era c\u00f3mo dibujo y color anunciaban algo que ser\u00eda rasgo inconfundible de la expresi\u00f3n del artista: los monstruoso y el grotesco.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>EL TRANSITO A LA MADUREZ<\/p>\n<p>Poco m\u00e1s tarde, esas figuras desoladas y aplastadas se ven sunidas en conjuntos abigarrados. M\u00e1s all\u00e1 de la sostenida voluntad s\u00edgnica, estos espacios densamente poblados se asum\u00edan como reto para el ejercicio de composici\u00f3n y del color como elemento arquitectural. En lo uno y lo otro Paredes se mostr\u00f3 seguro, dominador del oficio. Sus juegos crom\u00e1ticos, ahora variopintos y bullentes, fueron exactos. Una de estas obras, \u201cCirco m\u00e1gico\u201d, le mereci\u00f3 el primer premio en el III Sal\u00f3n Nacional de Pintura de Cuenca.<\/p>\n<p>Pero en este mismo tramo de su obra, coexisten con los abigarrados conjuntos figuras que se asoman sobre el espectador en soberbia soledad. Los fondos contribu\u00edan a rodearlas de una atm\u00f3sfera s\u00edgnica -el clima sacro de \u201cLa Mar\u00eda\u201d; el fantasmal de \u201cEquilibrista\u201d-, generalmente discreta para no estorbar la comunicaci\u00f3n con la figura dominante.<\/p>\n<p>Y hab\u00eda algo m\u00e1s en esta hora del tr\u00e1nsito de Napole\u00f3n Paredes a la madurez: su apertura a lo m\u00e1gico, que era tambi\u00e9n rasgo generacional.<\/p>\n<p>Poco m\u00e1s tarde, ahondando en sus constantes estil\u00edsticas y sondeando nuevos territorios de lo s\u00edgnico, Paredes congrega sus abigarrados conjuntos humanos en torno a un espacio abierto -plaza o zoco- para asistir, seducidos, alienados, a un espect\u00e1culo tan inocuo como el boxeo -\u201dCuadril\u00e1tero\u201d- o tan anacr\u00f3nico como los toros y a otra suerte de actuaciones bufonescas, aun m\u00e1s penosas como espect\u00e1culos de masas: de lo puramente bufonesco de \u201cBuf\u00f3n\u201d a lo grotescamente bufonesco de \u201cCaudillo\u201d. Y el color sumiendo todo aquello en el pintoresquismo de la fiesta popular.<\/p>\n<p>LAS NOVEDADES DE LOS OCHENTAS<\/p>\n<p>A comienzos de los ochentas asistimos a dos novedades en la inquieta y certera trayectoria de Napole\u00f3n Paredes.<\/p>\n<p>Una iba a convertirse en par\u00e9ntesis tremendamente extra\u00f1o. En algunas telas el bullicio humano de alienados espect\u00e1culos, abigarradas masas y perturbadores aquelarres se silencia y queda el paisaje solo. Bellamente resuelto, ese no era el paisaje convencional: era un paisaje en trance de escenario.<\/p>\n<p>Y el tr\u00e1nsito se dio: aparecieron en esa escena de finas calidades pl\u00e1sticas formas grotescas que desde lo vegetal se trasmutaban en animales monstruosos. Y de all\u00ed se metamorfoseaban en lo humano, sin perder atributos de extra\u00f1a animalidad. Era una fauna fantasmag\u00f3rica que denunciaba obscuras seducciones del mundo de Brueghel (el Viejo) y el Bosco -los m\u00e1s fantasiosos imagineros de monstruosidades-. Paredes estaba al borde de la pesadilla que abre las tremendas puertas de nuestros m\u00e1s sombr\u00edos interiores -\u201dEscena subconsciente\u201d titul\u00f3, en 1985, una de las telas memorables del per\u00edodo- y aventur\u00f3 incursiones a caza de la extra\u00f1eza y el horror por ese que Isabel Cornejo, curadora de la presente muestra, gusta llamar \u201cjard\u00edn de las delicias\u201d. Pienso que este es un territorio que a\u00fan aguarda a Napole\u00f3n Paredes para nuevas y fascinantes andanzas.<\/p>\n<p>La otra novedad iba a sumir en su v\u00f3rtice la casi totalidad de la expresi\u00f3n del artista, hasta el hoy: fueron interiores con grupos en que alternan humanos con maniqu\u00edes -sin que se marquen l\u00edmites entre un mundo y otro-, mu\u00f1ecos de rostro humano y humanos con caretas tr\u00e1gicas, en conjuntos entre ir\u00f3nicos y grotescos, todo en una atm\u00f3sfera de luz neutra y aire enrarecido.<\/p>\n<p>Para esas perturbadoras visiones de lo humano, que, por muchos resquicios, nos remit\u00edan a maestros flamencos, el artista hab\u00eda forjado t\u00e9cnicas nuevas, de magn\u00edfico dominio de la materia y los medios expresivos: acuarelas sobre lienzo, l\u00e1piz y carboncillo sobre lienzo, lo uno y lo otro con calidades de un \u00f3leo meticulosamente castigado y con insistente alusi\u00f3n a telas viejas de oficio ilustre.<\/p>\n<p>En lo morfol\u00f3gico, eficaces sugestiones volum\u00e9tricas para mujeres adiposas -alguna vez sensuales-, y en luz y atm\u00f3sfera el prodigio de una luz neutra y un aire enrarecido, como para no turbar lo ins\u00f3lito e inquietante, lo intemporal y como metaf\u00edsico de esas visiones de lo humano.<\/p>\n<p>Y ello nos deja ante el hoy del artista y la exposici\u00f3n de reconocimiento que ha montado el Museo del Banco Central del Ecuador.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>LA VUELTA AL BODEGON<\/p>\n<p>La presente muestra es una vuelta al bodeg\u00f3n. Hace unos seis a\u00f1os el artista hizo otra de bodegones. Quer\u00eda -ha dicho- rescatar y renovar esta pintura de g\u00e9nero.<\/p>\n<p>En el espacio clauso de ese interior centrado en unos pocos objetos inanimados, en que el bodeg\u00f3n, en substancia, consiste, los objetos, de cotidianidad a la que la magnificaci\u00f3n pict\u00f3rica torna extra\u00f1os, se agrupan entre la convenci\u00f3n y la ruptura, con un aire de modernidad. Con notas desconcertantes: el pez rojo que parece instalado a sus anchas en el balde entre inquietantes maniqu\u00edes. Sobre el abigarramiento de objetos, con algo de dep\u00f3sito, cuelga a veces\u00a0 alg\u00fan cortinaje que disloca la ordinariez. Y ventanales dejan ver un m\u00e1s all\u00e1 de aire, luz y color que se dir\u00eda que trasmite algo de su alegr\u00eda al bodeg\u00f3n mismo.<\/p>\n<p>La factura es la que por largos a\u00f1os se ha trabajado con oficio de virtuoso. Laboriosa. O con el l\u00e1piz o con el mismo acr\u00edlico, en procura de un mismo efecto: una suerte de fina ret\u00edcula que se traspasa de luz o sombra -o de color-, permitiendo que la textura del lienzo entre en el juego. Y todo ello para dar plenitud de valor al dibujo.<\/p>\n<p>Una segunda vertiente es la de grupos humanos -o casi humanos-. Figuras que emparentan con las de antiguas galer\u00edas de Paredes, con su mismo aire a lo Bosco, pero mestizas e ir\u00f3nicas y por ello actuales. Participan estos conjuntos del espacio cerrado y aire enrarecido del bodeg\u00f3n. Pero los grupos -alguna vez el personaje solitario- tensan un dramatismo y se cargan de una concepci\u00f3n de lo humano a que nunca aspira el bodeg\u00f3n.<\/p>\n<p>La visi\u00f3n de lo humano se asienta sobre la coexistencia en vecindades no solo f\u00edsicas entre el personaje humano y el mu\u00f1eco o maniqu\u00ed. En un cuadro una joven -humana- tiene entre sus manos un torso de maniqu\u00ed casi humano, salvo por el orificio por el que otra figura equ\u00edvoca mete la mano.<\/p>\n<p>Todo nos sume en una reflexi\u00f3n eminentemente pl\u00e1stica sobre los l\u00edmites -que se sugieren ambiguos, casi equ\u00edvocos- entre lo humano y simulacros de lo humano -mu\u00f1ecos, maniqu\u00edes-, que es lo humano superficie, lo humano mutilado, lo humano manipulable. El artista, que desde su hora m\u00e1s temprana se mostr\u00f3 obscuramente turbado por la alienaci\u00f3n del existente humano y luego abord\u00f3 esa alienaci\u00f3n desde diferentes laderas del conflicto del hombre en nuestros tiempos filisteos, plasma ahora tan desoladoras meditaciones en estos territorios en que desolados humanos se confunden con inalterables mu\u00f1ecos.<\/p>\n<p>Pero no todas las figuras son fr\u00edas e inertes como maniqu\u00edes -ello solo restar\u00eda humanidad a esta visi\u00f3n de lo humano-. Lo que torna m\u00e1s inquietante la desoladora galer\u00eda son esos paneles en que lo humano se muestra palpitante de vida. Hay, por ejemplo, la obra en que el primer plano iluminado -con luz cernida- lo ocupa una mujer desnuda sedente, de gorduras opulentas, entre p\u00fadica e imp\u00fadica, contemplada -o guardada- por una figura en segundo plano y menos luz y otras en un tercer plano y casi sombra. Esa tela pesa como afirmaci\u00f3n de lo humano -como volumen, como superficie, como trazos sinuosos, como carne, como sensualidad y vida tensa debajo de esa piel de fino entramado dibuj\u00edstico-. \u00a1Y c\u00f3mo contrasta con estas afirmaciones de vida el gesto hondamente dolorido de la mujer!<\/p>\n<p>Y alguna vez aparecen mediadores entre ese mundo al parecer irremediablemente clausurado y algunas aperturas. La mujer de \u201cEl \u00e1ngel\u201d parece reflexionar sobre alguna insinuaci\u00f3n que la hace so\u00f1ar. Quien se lo insin\u00faa -suprema iron\u00eda- es un \u00e1ngel con mucho de maniqu\u00ed. En \u201cEl \u00e1ngel malvado\u201d, la figura del \u00e1ngel -en el centro, con el rostro de serena belleza-, con gesto gravemente admonitorio, est\u00e1 flanqueado por dos desolados seres de Napole\u00f3n Paredes, el uno con costurones a lo largo del torso; el otro amordazado.<\/p>\n<p>Y, como en toda muestra amplia de un artista reflexivo y hondo, hay mucho m\u00e1s que ver y sentir y pensar que lo insinuado en estas breves pistas hacia los significados de estos paneles de larga y sostenida galer\u00eda en que siempre se busc\u00f3 calar en lo humano con calidades visuales afirmadas en un oficio concienzudo que ha madurado lejos de cualquier frivolidad o concesi\u00f3n a prisas y facilismos de cualquier laya.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alangas\u00ed, 31 agosto 2003 Una muestra amplia de la obra \u00faltima de Napole\u00f3n Paredes -su hoy-, con algunas pocas piezas rescatadas (sin m\u00e1s criterio que su disponibilidad) de per\u00edodos pret\u00e9ritos, nos tienta a ensayar una mirada retrospectiva a trayectoria que&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"pagelayer_contact_templates":[],"_pagelayer_content":"","footnotes":""},"categories":[6],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/284"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=284"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/284\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":285,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/284\/revisions\/285"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=284"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=284"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=284"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}