{"id":245,"date":"2020-07-17T00:36:04","date_gmt":"2020-07-17T00:36:04","guid":{"rendered":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/?p=245"},"modified":"2020-07-17T16:54:58","modified_gmt":"2020-07-17T16:54:58","slug":"roman-de-un-monstruismo-americano-a-magia-y-mito-americanos-y-mas-alla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/?p=245","title":{"rendered":"Rom\u00e1n: de un monstruismo americano\u00a0\u00a0a magia y mito americanos y m\u00e1s all\u00e1"},"content":{"rendered":"<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"size-thumbnail wp-image-271 alignleft\" src=\"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/107951069_298162494638991_6726465052305998981_n-150x150.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>En 1972 el Premio de Par\u00eds -prestigiosa distinci\u00f3n para un artista menor de treinta a\u00f1os- fue para Nels\u00f3n Rom\u00e1n. \u201cHomenaje a C\u00e9sar D\u00e1vila Andrade\u201d, la pieza que decidiera el premio en su favor, era un tr\u00edptico de interpretaci\u00f3n visual de la obra del gran poeta. El primer panel luc\u00eda un cielo soberbio, evocador de la grandeza de \u201cCatedral salvaje\u201d, que cubr\u00eda a un grupo humano miserable, y un ojo de clara alusi\u00f3n a lo esot\u00e9rico de la cosmovisi\u00f3n del poeta; el segundo representaba seres humanos sumidos en arcilla milenaria, en conjunto requemado como las tierras tostadas de su color, y el tercero volv\u00eda a contraponer la condici\u00f3n terrestre del grupo humano con la extra\u00f1eza de los cielos.<\/p>\n<p>Esta obra -y otras que expuso en la colectiva de triunfador y menciones del Premio de Par\u00eds, abierta en la Alianza Francesa de Quito- mostraban un paso m\u00e1s en una firme evoluci\u00f3n hacia un primer estadio de madurez en la trayectoria joven del artista. Paso decisivo: hacia el color. Conjugaba ya variadas sabidur\u00edas visuales del dibujo y la mancha de tintas negras y grises, pero hasta este momento el trabajo crom\u00e1tico -de color y materia- se ofrec\u00eda experimental y hasta vacilante. Y sin duda -esto lo sent\u00eda el artista- el color aportar\u00eda acordes fundamentales para esas penetrantes, ricas y ag\u00f3nicas calas en la cosmovisi\u00f3n mestiza, que era la riqu\u00edsima cantera que estaba beneficiando. Por el momento, en una primera conquista, el color intensificaba el contraste entre los c\u00e1lidos y tierras de las criaturas terrestres y los azules l\u00edvidos y rojos apocal\u00edpticos de cielos, nubes y horizontes.<\/p>\n<p>En esa muestra clave estaba ya la cosmovisi\u00f3n en que el artista ir\u00eda ahondando en la d\u00e9cada: ir\u00f3nica y esperp\u00e9ntica para desnudar lo m\u00e1s ominoso de la condici\u00f3n humana y abierta a lo m\u00e1gico, presente en el entorno mismo de esos seres, y a lo m\u00edtico y c\u00f3smico, donde acaso se hallasen pistas de sentido para esa cotidianidad abatida. Todo esto estaba en \u201cCamino a la Sant\u00edsima Trinidad\u201d, que le vali\u00f3 al poco tiempo del Premio de Par\u00eds Medalla de Oro en el III Sal\u00f3n Nacional de Dibujo, Acuarela, T\u00e9mpera y Grabado: cr\u00edtica esperp\u00e9ntica del mundo inferior junto a lo religioso en una dimensi\u00f3n m\u00e1gica y m\u00edtica.<\/p>\n<p>En suma, que el Rom\u00e1n que iba a dar el salto a Par\u00eds, en que el premio consistt\u00eda, hab\u00eda sentado bases muy s\u00f3lidas de oficio y de formas personales nutridas por ilustre tradici\u00f3n -cuyo hito m\u00e1s seductor era el Goya negro- pero de rica substancia americana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>DESDE EL TALLER PATERNO<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-thumbnail wp-image-272\" src=\"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/109338889_2604586123088370_6766268883574608656_n-150x150.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/p>\n<p>Nelson Rom\u00e1n hab\u00eda nacido en Latacunga, en 1945, y le cogi\u00f3 gusto a la pintura en el taller de su padre, \u201ccuyo oficio -recordar\u00eda Ramiro J\u00e1come, que tan cerca de Rom\u00e1n estuvo en el tiempo de los \u00a8\u201dCuatro mosqueteros\u201d- era el de pintar: pintaba toda clase de encargos, que abarcaban las necesidades ornamentales de la localidad\u201d. El padre -lo ha contado tambi\u00e9n Ramiro, que lo hab\u00eda sabido desde cierta visita que hicieran los \u201cMosqueteros\u201d a Latacunga- encontr\u00f3 en su tercer hijo el disc\u00edpulo y admirador que requer\u00eda como ayudante para aligerar sus tareas y hacerle compa\u00f1\u00eda en sus frecuentes desplazamientos por las comarcas vecinas\u201d <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>.<\/p>\n<p>En ese itinerar como pintores Nelson se aproxim\u00f3 al arte popular, a las artesan\u00edas y el folclor. Le dejaron sin duda huellas de asombro las m\u00e1scaras, de tan extra\u00f1as expresividades en su grotesco, y esas carnavalescas celebraciones indias y mestizas, entre las cuales, tanto por su propia plasticidad como por los requerimientos de la clientela, ocupaban lugar destacado los toros de pueblo.<\/p>\n<p>Pronto su instinto de artista y su firme decisi\u00f3n de serlo con originalidad y grandeza le hicieron desbordar el pintoresquismo y alegre y f\u00e1cil visualidad de todas aquellas manifestaciones art\u00edsticas primitivas. Guardar\u00eda de ellas lo que encerraban de magia, de misterio, de radical ambig\u00fcedad sincr\u00e9tica. Rom\u00e1n nunca ser\u00eda ingenuo -\u201cnaive\u201d- ni costumbrista. Ni siquiera realista.<\/p>\n<p>Esta decisi\u00f3n de \u201cpo\u00e9tica\u201d, que marcar\u00eda desde muy temprano su expresi\u00f3n, se inscrib\u00eda en un movimiento generacional. La generaci\u00f3n a la que \u00e9l pertenece -gentes nacidas entre 1935 y 1950, y que, en artes visuales, donde la irrupci\u00f3n es m\u00e1s temprana, comienzan a irrumpir por la d\u00e9cada de los sesenta- vuelve a la figura, pero acogiendo los reparos que la generaci\u00f3n precedente -la del precolombinismo- hab\u00eda puesto al realismo social de los de los treinta: anecd\u00f3tico, epid\u00e9rmico, de mensaje obvio. La neofiguraci\u00f3n de Rom\u00e1n -como la de los m\u00e1s destacados de su generaci\u00f3n- sondear\u00eda nuevas dimensiones de lo real, ahondando hasta esas ra\u00edces que hab\u00edan obsesionado a los precolombinistas y ancestralistas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>LOS DECISIVOS 1968 Y 1969<\/p>\n<p>Rom\u00e1n, rico ya de sustancias americanas y con un primer bagaje de destrezas de oficio, acude a la Escuela de Bellas Artes -en 1962-, y da con maestros que le orientan certeramente para avanzar por esos caminos que ya intu\u00eda, como Viteri. Osvaldo Viteri ten\u00eda tambi\u00e9n fuerte carga de materiales de extracci\u00f3n popular -hab\u00eda trabajado apasionadamente en los inventarios folc\u00f3ricos que impuls\u00f3 Paulo de Carvalho Neto- y hab\u00eda enriquecido su dibujo con los logros primitivos que hab\u00eda hallado en artesan\u00edas, indumentarias y m\u00e1scaras. Viteri era un dibujante como para entusiasmar y guiar al aprendiz.<\/p>\n<p>En el \u00faltimo tramo de su formaci\u00f3n acad\u00e9mica, por uno de esos azares que deciden de trayectorias art\u00edsticas, Rom\u00e1n conoce a uno de los grandes de la pintura espa\u00f1ola de la hora, llegado a Quito en una estaci\u00f3n m\u00e1s de un inquieto vagabundeo: Viola. Junto con su compa\u00f1ero de la Escuela e inseparable camarada de inquietudes art\u00edsticas, Jos\u00e9 Unda, se peg\u00f3 al maestro para asistirle en cuanto requiriese y beber \u00e1vidamente las sabidur\u00edas de ese soberbio creador de hondos y deslumbrantes efectos visuales en su informalismo gestual.<\/p>\n<p>Pero el maestro espa\u00f1ol, al tiempo que ense\u00f1aba a los j\u00f3venes principiantes, saberes de oficio, los animaba a insistir en la figura. \u201cTienen que rescatar la figura\u00a0 -les dec\u00eda-. Ustedes saben dibujar\u201d.<\/p>\n<p>Y entonces se produjo el contacto aun m\u00e1s decisivo. Eran d\u00edas en que Wilson Hallo, con su galer\u00eda \u201cSiglo XX\u201d, cumpl\u00eda su papel de marchante\u00a0 al m\u00e1s alto nivel. Y a ella lleg\u00f3 un artista que deslumbr\u00f3 a esos j\u00f3venes ya decididos por el dibujo: Silvio Benedetto. Ese estupendo dibujante les mostr\u00f3 con su dibujo fe\u00edsta maneras penetrantes de denunciar e ironizar. Y Benedetto apreci\u00f3 lo que los j\u00f3venes artistas hac\u00edan ya y convenci\u00f3 al marchante, que les ofreci\u00f3 las paredes de su peque\u00f1a pero exclusiva galer\u00eda, all\u00ed frente a la iglesia de la Compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p>Es 1967, el a\u00f1o de la irrupci\u00f3n de Nelson Rom\u00e1n en el horizonte de la pl\u00e1stica nacional. A \u00e9l y Unda se les une Washington Iza y forman un primer grupo, que denominan \u201cAguarr\u00e1s\u201d. Los tres hacen una primera colectiva, en Latacunga, en uno de esos caf\u00e9s que repartidos por las principales ciudades del pa\u00eds acog\u00edan las inquietudes de intelectuales y artistas de esa hora incitadas por la Cuba de la Revoluci\u00f3n y en el pa\u00eds por la Revoluci\u00f3n Cultural, que hab\u00eda comenzado el 25 de enero de 1966 con la toma de la Casa de la Cultura <a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>..<\/p>\n<p>En 1968 Rom\u00e1n participa en la II Bienal Latinoamericana de Santiago. En 1969 -marzo: vale la pena, por lo que se ver\u00e1, atender al mes-, Rom\u00e1n y Unda presentan su primera exposici\u00f3n conjunta en Quito.<\/p>\n<p>Estaban, se vio, en una firme direcci\u00f3n neofigurativa, fe\u00edsta, en la que cab\u00eda descubrir cierta fascinaci\u00f3n por el dibujo de Benedetto -y, acaso, el de Deira, Macci\u00f3 y Heredia, cuya obra \u00faltima, de un poderosos monstruismo, hab\u00edan podido admirar.en la Bienal de Quito.<\/p>\n<p>El de Rom\u00e1n y Unda era un dibujo muy maduro, entre finamente ir\u00f3nico y francamente grotesco, en el que el color se usaba con gran sentido -aunque con cierta timidez todav\u00eda- para acentuar esa visi\u00f3n amarga de la sociedad.<\/p>\n<p>Y pod\u00edan detectarse s\u00edntomas de experimentaci\u00f3n: inclusi\u00f3n de materiales -papel crep\u00e9 fruncido, para lograr texturas-, alg\u00fan cromo en colage.<\/p>\n<p>\u201cUn mundo doloroso, muchas veces feo, absurdo por injusto, apunta ya en estas obras, lo mismo en la intenci\u00f3n del dibujo que en la fuerza de la composici\u00f3n y el color\u201d, escrib\u00ed en nota cr\u00edtica de \u201cEl Tiempo\u201d <a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a>.<\/p>\n<p>Obra as\u00ed es la que decide a.la exigent\u00edsima e influyente Marta Traba, que invita a los dos j\u00f3venes a exponer en el Museo de Arte Moderno de Bogot\u00e1, junto con Benedetto.<\/p>\n<p>Se sinti\u00f3 la cr\u00edtica obligada a justificar la presencia en tan prestigioso centro de artistas tan j\u00f3venes, primerizos. Lo hizo en el texto de cat\u00e1logo. Para ella, el arte ecuatoriano del momento estaba dividido entre una opci\u00f3n guayasaminiana y otra antiguayasaminiana. \u201cAl descartar ambas opciones -escribi\u00f3-, Unda y Rom\u00e1n, reci\u00e9n egresados de la Escuela de Bellas Artes y muy influidos por la estad\u00eda en Quito del espa\u00f1ol Viola, se interesan por una pintura \u201cde acci\u00f3n\u201d -por supuesto muy conocida en\u00a0 otras partes, pero pr\u00e1cticamente in\u00e9dita en el Ecuador. Esta pintura, apoyada en una t\u00e9cnica libre y suelta, les permite incorporar el color, casi desconocido en la pintura ecuatoriana que tiende a las tierras, a relaciones tonales o a conjuntos monocrom\u00e1ticos; los extrae asimismo, a la vez, tanto del ritmo precolombino como de cualquier alusi\u00f3n indigenista\u201d <a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\">[4]<\/a>.<\/p>\n<p>En ese mismo 1969, tan pr\u00f3digo en acontecimientos decisivos, a la vuelta de Bogot\u00e1 de Rom\u00e1n y Unda, se forma un segundo grupo, \u201cun grupo -recordar\u00eda J\u00e1come- entre cuyos principales prop\u00f3sitos estar\u00eda el crear y difundir un arte aut\u00e9ntico figurativo y sin ataduras acad\u00e9micas\u201d <a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\">[5]<\/a>. Los amigos del antiguo \u201cAguarr\u00e1s\u201d compart\u00edan modest\u00edsimo taller en la calle de la Ronda. Y se les hab\u00eda unido un autodidacto al que entusiasmaban sus ideas iconoclastas innovadoras y su decisi\u00f3n de neofigurativismo cr\u00edtico: Ramiro J\u00e1come.<\/p>\n<p>Entonces, en octubre de ese mismo 1969, los cuatro j\u00f3venes, a quienes por eso de verlos andar siempre juntos se dio en llamarlos \u201clos cuatro mosqueteros\u201d, irrumpen como grupo en las artes visuales ecuatorianas con gesto m\u00e1s bien festivo, a pesar de alg\u00fan rasgo de iracundia generacional, que fue una suerte de \u201cmanifiesto\u201d. Viajan a Guayaquil, donde se iba a abrir un Sal\u00f3n de Vanguardia, y le oponen un original\u00edsimo \u201canti-sal\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>La cosa fue tan nueva como que comenz\u00f3 por el encarcelamiento, la v\u00edspera, de Rom\u00e1n y Unda por pintarrajear en las paredes leyendas al estilo de \u201cPrimero la vida y despu\u00e9s el arte\u201d -muy en la l\u00ednea del Mayo del 68 parisino-. Explicadas las cosas al alcalde Bucaram por Hallo y liberados los presos, los cuatro llevaron su arte por las calles del Puerto en destartalada carreta tirada por un asno. \u201c\u00a1Aqu\u00ed est\u00e1 el ANTISALON!\u201d, proclamaban, y lo fueron a instalar en un solar semiabandonado, entre palos y montones de materiales y escombros. Y la gente iba a ver obra tan curiosamente presentada, y lo decisivo era que, m\u00e1s all\u00e1 del gesto de rechazo de una \u201cvanguardia\u201d a la que se tachaba de acomodaticia y de un arte sujeto a los condicionamientos del mercado, esta pintura ten\u00eda interesantes\u00a0 calidades. Y dos de estos rebeldes contaban ya en su haber con una exposici\u00f3n nada menos que en el Museo de Arte Moderno de Bogot\u00e1. Unda hac\u00eda surgir de manchas de fresco expresionismo abstracto figuras violentas; Rom\u00e1n, con dibujo personal\u00edsimo, convocaba seres desgarrados entre sabias manchas, para una visi\u00f3n monstruista del mundo; Iza compon\u00eda con grandes planos de colores puros escenograf\u00edas para criaturas fetales; y J\u00e1come, en la misma direcci\u00f3n de conjugar un nervioso dibujo con manchas que lo intensificasen, iniciaba una empresa de cr\u00edtica de la sociedad de consumo que se anunciaba radical y desgarrada.<\/p>\n<p>En Guayaquil hab\u00eda artistas que participaban tanto de esas inquietudes sociales y existenciales como de la manera de plasmarlas en un nuevo fe\u00edsmo: Villafuerte, Carre\u00f1o y Z\u00fa\u00f1iga. Se estrecharon lazos de amistad y de solidaridad en el compromiso.<\/p>\n<p>Cierra Rom\u00e1n este tan movido 1969 con una individual en la galer\u00eda \u201cKitgua\u201d. Obras muy logradas de ese juego de blancos y negros, que tanto lo seduc\u00eda -y le fascinar\u00eda siempre-. Sombreados de rica textura lineal envolv\u00edan a figuras que se insinuaban con pocos y certeros trazos de excelente dibujo. Extra\u00f1as criaturas en trance de salir de un capullo. Contrastaba con ese admirable dominio del juego l\u00ednea-mancha la lucha que\u00a0 el artista libraba con el color, que se ofrec\u00eda a\u00fan vacilante.<\/p>\n<p>En 1970 y 1971 Rom\u00e1n presenta dos individuales que, a la vez que testimoniaban el br\u00edo con que hab\u00eda asumido su tarea, mostraban c\u00f3mo se iba afirmando en rasgos que caracterizar\u00edan la producci\u00f3n de importantes per\u00edodos de su trayectoria futura.<\/p>\n<p>A la muestra del 70 pude referirme con calificaci\u00f3n del m\u00e1s alto encomio: \u201cEl mejor\u00a0 sal\u00f3n de dibujo de a\u00f1o dio \u201cAltamira\u201d\u00a0 \u201d, titul\u00e9 mi comentario cr\u00edtico de \u201cEl Tiempo\u201d <a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\">[6]<\/a> . Y escrib\u00ed: \u201cNos ha dado dibujo de gran libertad de trazo y muy sutiles sugestiones. Figuras a punto de deshacerse o ya deshechas; obscuras alusiones er\u00f3ticas\u201d.<\/p>\n<p>Pero se expusieron tambi\u00e9n -como campo en que la batalla estaba a\u00fan indecisa- \u00f3leos. Y hallaba el cr\u00edtico que en los \u00f3leos el joven creador se iba enrumbando por la que ser\u00eda su fundamental manera expresiva: extraer seres y visiones de lo humano de un mundo abigarrado de color. Los \u00f3leos dejaban la sensaci\u00f3n de un modo pl\u00e1stico que a\u00fan no cuajaba en plenitud formal, pero en el que se trabajaba con empecinamiento y con lucidez.<\/p>\n<p>En los comentarios que hago a la muestra del 71 <a href=\"#_ftn7\" name=\"_ftnref7\">[7]<\/a> ocurre por primera vez la menci\u00f3n de una figura en la que el artista parec\u00eda haber hallado las claves expresivas para ese mundo que buscaba desnudar cr\u00edticamente e iluminar con dram\u00e1tico claroscuro: Goya. Pero hablaba yo no de un primer encuentro, sino de insistencia y apasionamiento. Me refer\u00eda a \u201cun Rom\u00e1n que insiste en su mundo goyesco\u201d. Las figuras que al conjuro de su magistral dibujo emerg\u00edan de las masas de color y se sum\u00edan en claroscuros de ocres y tierras eran de estirpe goyesca. Pero -y esto resultaba fundamental- eran americanas. Este mundo, tan alucinante como el del Goya negro, estaba enraizado en nuestra realidad mestiza.<\/p>\n<p>As\u00ed llega Rom\u00e1n al Premio de Par\u00eds.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>EL ESPERPENTO ENRAIZADO Y ABIERTO<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-thumbnail wp-image-270\" src=\"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/wp-content\/uploads\/2020\/07\/107742660_1617284081771601_5531466704479134113_n-150x150.jpg\" alt=\"\" width=\"150\" height=\"150\" \/><\/p>\n<p>Rom\u00e1n permanece en Francia dos a\u00f1os y estudia pintura en la Escuela de Artes Decorativas de Niza.<\/p>\n<p>De regreso, participa en la II Bienal de Artes Gr\u00e1ficas de Cali y abre en \u201cAltamira\u201duna muestra de grabado, buena parte trabajada en Par\u00eds. Arte y t\u00e9cnica del grabado se hab\u00edan convertido para el joven artista en fascinante aventura.<\/p>\n<p>Aire de aventura ten\u00eda la experimentaci\u00f3n y el juego con las planchas. Tres litograf\u00edas tituladas \u201cLa carreta\u201d trabajaban una misma plancha, la primera en negro; la segunda con dos impresiones, de negro y rojo, y la tercera con cuatro: negros, ocres, cielo azul y fondos amarillos.<\/p>\n<p>Este juego, repetido, hac\u00eda de las impresiones aquellas con la misma plancha una suerte de variaciones del motivo, e invitaba al espectador a acompa\u00f1ar al artista en ese tentar las ricas posibilidades del grabado.<\/p>\n<p>Esas posibilidades se ofrec\u00edan aprovechadas en muchas de las obras. \u201cDonde hay \u00e1ngeles negros, perros rabiosos y obispos\u201d -t\u00edtulo muy de Rom\u00e1n y su visi\u00f3n desgarrada de esta Am\u00e9rica nuestra sumida en magia, mitos y miedos- lograba su impacto por la riqueza de texturas y la sutileza de las medias tintas propia del grabado.<\/p>\n<p>Sin embargo, lo que estaba detr\u00e1s de todas esas calidades y mov\u00eda los hilos de esas penetrantes expresividades era el dibujo. A Rom\u00e1n, que siempre fue un notable dibujante, estas obras nos lo presentaban m\u00e1s maduro en el oficio, m\u00e1s dominador del que ser\u00eda para \u00e9l el gran instrumento para diseccionar personajes y situaciones. Su deformaci\u00f3n, sobre todo de los rostros, lograba conjuntos de alta carga de iron\u00eda rayanos en lo grotesco. \u201cEl dibujo -escrib\u00ed comentando esta muestra- se encarga de dar a todos los trabajos su fuerte connotaci\u00f3n de sadismo, hipocres\u00eda, hartazgo hipocondr\u00edaco, groser\u00eda, bastedad\u201d <a href=\"#_ftn8\" name=\"_ftnref8\">[8]<\/a>.<\/p>\n<p>Esta visi\u00f3n del mundo, aunque enriquecida por incitaciones formales del fe\u00edsmo americano de la hora -que, desde M\u00e9xico, impulsaba poderosamente Jos\u00e9 Luis Cuevas-, segu\u00eda nutri\u00e9ndose del Goya negro. No menguaba la juvenil fascinaci\u00f3n por el maestro espa\u00f1ol. Por su delirante grotesco, por sus alucinantes aquelarres, por la crueldad de su visi\u00f3n de todos esos seres deformados por una sociedad perversa.<\/p>\n<p>La otra seducci\u00f3n del Rom\u00e1n de esta vuelta a la tierra patria era lo americano. En la misma muestra, la serie de tintas del prestidigitador, con su mnayor riqueza crom\u00e1tica, sin dejar de ser esperp\u00e9ntica, ca\u00eda ya m\u00e1s del lado de la magia americana que del violento claroscuro goyesco.<\/p>\n<p>Y en este mismo 1975, reconociendo la madurez del joven artista ecuatoriano, G\u00f3mez Sicre, uno de los cr\u00edticos m\u00e1s conocedores del arte latinoamericano del momento, lo invita a exponer en la Uni\u00f3n Panamericana.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de estas dos muestras sigui\u00f3 Rom\u00e1n ahondando en lo americano, dando a sus esperpentos atm\u00f3sfera, gesto y sustancia nuestra, mestiza. Mientras, desde ese enraizamiento, abr\u00eda su mundo, por lo alto, hacia los esperpentos mayores -los titiriteros del teatrillo de feria grotesco que representaba nuestro establecimiento social&#8211; y por debajo, los peque\u00f1os -los alienados, los abotagados, los enconchados en toda suerte de hipocres\u00edas y complicidades.<\/p>\n<p>Este es el Rom\u00e1n que en 1977 se destaca como la gran figura -la \u00fanica grande- del III Sal\u00f3n Nacional de la Casa de la Cultura, con obras de fe\u00edsmo y grotesco que impon\u00edan una visi\u00f3n dram\u00e1tica del mundo dominada por viejos s\u00edmbolos a los que lo formal hab\u00eda dado un agudo sentido de contemporaneidad. \u201cEl d\u00edptico de ese Sal\u00f3n -\u201dAsesinos\u201d y \u201cAsesinados\u201d -he escrito- es un canto, de obscura, amarga, tr\u00e1gica grandeza, a la violencia contempor\u00e1nea. Exaltaci\u00f3n de un lenguaje fe\u00edsta y tremedista. En \u201cAsesinos\u201d un cielo con algo de ominoso estallido -en amarillos acosados por sombras-, y una tierra roja, como embebida en sangre ennegrecida, donde conspiran en concili\u00e1bilo los que han hecho -y hacen- del mundo circo de perversas acechanzas; figuras monstrruosas en hist\u00e9rico empu\u00f1ar cuchillos\u201d <a href=\"#_ftn9\" name=\"_ftnref9\">[9]<\/a> \u201cAsesinado\u201d era una gran \u201cpiet\u00e1\u201d contempor\u00e1nea, en la que desde las mujeres que acogen al ajusticiado corren l\u00edneas convergentes hacia lo alto, hacia una extra\u00f1a escena apocal\u00edptica, suerte de lucha de dragones.<\/p>\n<p>Rom\u00e1n cierra su d\u00e9cada de los setenta con el mayor reconocimiento nacional: gana el \u201cMariano Aguilera\u201d 1978. Aquel fue un sal\u00f3n mediocre y aun el d\u00edptico premiado no era lo mejor que el artista estaba haciendo en ese primer tramo de su madurez en que conquista una vigorosa expresi\u00f3n personal. Pero era sin duda lo m\u00e1s importante de ese sal\u00f3n nacional.<\/p>\n<p>Ya meses antes hab\u00eda obtenido el segundo premio en otro sal\u00f3n nacional, el \u201cLuis A. Mart\u00ednez\u201d de Ambato. Fui jurado de ese sal\u00f3n y puedo testimoniar la sostenida vacilaci\u00f3n de los jurados entre la obra de Rom\u00e1n y la de Gilberto Almeida -uno de los grandes de la generaci\u00f3n anterior- para adjudicar el premio. Al decidirnos por la pieza de Almeida -espl\u00e9ndida, de lo m\u00e1s rico y fuerte que haya hecho el artista- los jurados resolvimos otorgar a Rom\u00e1n un segundo premio adquisici\u00f3n con esta justificaci\u00f3n: \u201cAdjudicar\u00a0 el Segundo Premio Adquisici\u00f3n del Sal\u00f3n al se\u00f1or Nelson Rom\u00e1n por su obra \u201cMarioneteros en penumbra\u201d de enorme fuerza dentro de una l\u00ednea tremendista a lo Goya, a lo Cuevas, pero con rasgos de vigorosa personalidad y de gran calidad pl\u00e1stica en dibujo y color, que crean una alucinante atm\u00f3sfera\u201d<a href=\"#_ftn10\" name=\"_ftnref10\">[10]<\/a>.<\/p>\n<p>Con oportunidad de los dos premios y una amplia muestra de su obra expuesta en \u201cLa Galer\u00eda\u201d dediqu\u00e9 al artista mi columna semanal \u201cMicroensayo\u201d del diario \u201cEl Tiempo\u201d. Traigo ac\u00e1 la parte final de ese largo \u201cmicroensayo\u201d por el valor de lo escrito en ese hoy, en ese momento en que a muchos pod\u00eda hasta sorprender que saludase as\u00ed la trayectoria de un artista joven, como una de las m\u00e1s ricas y hondas ya, y, por supuesto, de las m\u00e1s prometedoras de la pl\u00e1stica nacional:<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>MUNDO Y DRAMA<\/p>\n<p>Con personajes que evocan los del Goya negro -alucinados, febriles, fren\u00e9ticos, al borde de la locura-; dando a los rostros toda la amarga iron\u00eda y la ominosa impronta tan caracter\u00edstica de Cuevas; con ese peso de obscuro fatalismo y radical degradaci\u00f3n que, de modo tan inmediato y tr\u00e1gico, nos comunican Bacon o Sutherland, Nelson Rom\u00e1mn trabaja los paneles de un gran fresco.<\/p>\n<p>Todas las obras se integran en una misma visi\u00f3n del mundo y en un mismo modo expresivo, como pudieran hacerlo los sintagmas -variados y distintos- en un \u00fanico discurso. Y, en virtud de la coherencia expresiva, aunque esas im\u00e1genes nos desgarren, degraden y aplasten, seguimos paso a paso el avance y le pedimos al artista que nos lleve hasta las \u00faltimas consecuencias. Que es a donde tendr\u00e1 que llegar. Porque este camino, por estupendo que sea ya, est\u00e1 a sus comienzos.<\/p>\n<p>Cuando el artista tiene a su disposici\u00f3n grandes formatos desarrolla completa la sintaxis de su discurso. Hay entonces un arriba y un abajo, que se expresan con la forma casi aleg\u00f3rica -y obsesiva, recurrente- del gran guignol. Arriba, entre cielos perturbadores -de azules profundos y l\u00edvidos y rosas con algo de resplandor de incendios lejanos-, los rostros, grotescos y perversos, de los que mueven los hilos. Abajo, en el gran teatro del mundo, el espect\u00e1culo que va de lo grotesco a lo absurdo, de lo cruel a lo est\u00fapido. Todo desacralizado. Los rostros de las mujeres de una Piet\u00e1 -una aut\u00e9ntica Piet\u00e1 contempor\u00e1nea- resuman hipocres\u00eda y miseria moral.<\/p>\n<p>Las variantes no cambian lo esencial del ordenamiento: los que mueven el teatrillo miserable son dos viejos que espectan con la sordidez con que pudieran haber espiado a Susana; la mano del titiritero est\u00e1 casi en las inmediaciones de la tierra-escenario.<\/p>\n<p>Los formatos menores le sirven al artista para encerrar al espectador en c\u00e1maras de horrores -los horrores de la crueldad humana: la tortura, el sadismo sexual-. El espacio encierra y aplasta. La atm\u00f3sfera asfixia. Las escenas revelan detalles s\u00f3rdidos.<\/p>\n<p>Este es, a muy grandes trazos, el mundo y drama de la pintura de Rom\u00e1n.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed el Microensayo tentaba un balance de lo hecho por Rom\u00e1n. Pero hab\u00eda una parte final que avisoraba el futuro de esta expresi\u00f3n vigorosa. Un poco de ejercicio anticipatorio que en buena medida iba a realizarse. Vale la pena leerlo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>EL RETO CONCEPTUAL<\/p>\n<p>Con la coherencia de estas formas expresivas -cabr\u00eda hablar de un lenguaje- coexisten inquietudes y retos y, consiguientemente, aperturas.<\/p>\n<p>A Rom\u00e1n le tienta una reflexi\u00f3n sobre el espacio. Pienso que ni \u00e9l mismo sabe qu\u00e9 le pueden llegar a revelar esas ventanas en que enmarca -sin m\u00e1s raz\u00f3n que su voluntad de definir espacio en el continuo de sus ambientes- el rostro de alg\u00fan personaje o escenas intercomunicadas de una misma secuencia.<\/p>\n<p>Pero hay casos en que la inclusi\u00f3n de elementos espaciales -en figura geom\u00e9trica o en sugesti\u00f3n lineal- ha mostrado ya ricas posibilidades de conceptualizaci\u00f3n. As\u00ed la figura del contemplativo de la aureola. La cabeza -simiesca- encerrada en el espacio geom\u00e9trico que configura el prisma de cristal tiene penetrante valor s\u00edgnico.<\/p>\n<p>Otra solicitaci\u00f3n fuerte para el artista parece ser el presente: desnudar sus im\u00e1genes de resonancias hist\u00f3ricas y composici\u00f3n escenogr\u00e1fica, para enfrentar al espectador con el horror de un presente que est\u00e1 aqu\u00ed y ahora. Tal enfrentamiento se da en el trabajo m\u00e1s ambicioso y nuevo de la muestra: el maniatado y torturado, envuelto, como por una sierpe, por el rojo agresivo de lo que es, a la vez, atadura, l\u00e1tigo e instrumento de tortura. Composici\u00f3n y dibujo brutales y violatorios de cualquier norma; todos los gestos crueles -los gestos, enti\u00e9ndase, de la pintura misma-; un arte en que todo se ha convertido en significante de esta est\u00fapida pasi\u00f3n que vive Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>He aqu\u00ed al artista comprometido con su mundo, cumpliendo, valiente y l\u00facido, su misi\u00f3n prof\u00e9tica. Compromiso y misi\u00f3n prof\u00e9tica van a exigir -han comenzado ya a exigirle- a Rom\u00e1n, al artista de fino gusto, al h\u00e1bil dibujante, al sabio manejador de los efectos, radical ascesis y renunciamientos que los consumidores de objetos bellos no entender\u00e1n. Pero este es el camino -uno de los pocos caminos a\u00fan abiertos en la sociedad de consumo- hacia una aut\u00e9ntica grandeza pict\u00f3rica americana.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed llegaba ese texto publicado en mayo del 78.<\/p>\n<p>Y OCURRE EL PAISAJE<\/p>\n<p>Rom\u00e1n inaugura la d\u00e9cada de los ochenta con algo que sorprende a cuantos segu\u00edan su trayectoria: con paisaje. Un paisaje simpl\u00edsimo de dibujo y violento, <em>fauve<\/em> de color.<\/p>\n<p>Hasta este momento sus \u00f3leos, t\u00e9mperas y dibujos estaban ocupados, casi sin espacios de fondo o suelo, por rostros corro\u00eddos por sombr\u00edas maldades, ajados de sinuosidades lineales, y manos que acariciaban extra\u00f1as criaturas. Personajes de una corte de los milagros s\u00f3rdida, a la que se hab\u00eda ido despojando sistem\u00e1ticamente hasta del menor gesto o rasgo de nobleza y aun dignidad.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1l ser\u00eda el papel de ese inusitado paisaje en este mundo cerrado y asfixiante?<\/p>\n<p>Rom\u00e1n buscaba una nueva escenograf\u00eda para sus criaturas. Una escenograf\u00eda de fuerza tel\u00farica americana. Ahora esas criaturas torturadas ten\u00edan detr\u00e1s de s\u00ed telones de enorme grandeza, que parec\u00edan envolverlas y agobiarlas. Ominosos cielos hondos, a veces l\u00edvidos o sombr\u00edos de color -de un azul prusia muy diluido a un rojo cadmio ennegrecido-; desolados montes de ocres y sienas quemados No era un paisaje que abriese horizontes o diese aire a esa visi\u00f3n del mundo cerrada y asfixiante. El paisaje irrump\u00eda como un nuevo actor del juego sem\u00e1ntico, a intensificarlo y dramatizarlo aun m\u00e1s.<\/p>\n<p>Hab\u00eda que reordenar la composici\u00f3n. El artista sit\u00faa a sus criaturas en peque\u00f1as cenefas, en un primer plano apenas distanciado del espectador por breve franja delantera de color plano, con lo cual se lograba otra novedad: un cierto efecto de distanciamiento, que, unido al fondo paisaj\u00edstico, daba a las escenas profundidad. Ello iba a dar a la cosmovisi\u00f3n de Rom\u00e1n nuevas dimensiones.<\/p>\n<p>Y en esta misma hora de b\u00fasquedas y novedades ocurren otras dos en extremo sugestivas: espejos y plumas.<\/p>\n<p>El espejo surg\u00eda ante el espectador para romper la aplastante presencia del fondo paisaj\u00edstico y la continuidad de la cenefa humana. Surg\u00eda para trizar construcciones asfixiantes en su dramatismo.<\/p>\n<p>Pero hab\u00eda m\u00e1s: el espejo era la irrupci\u00f3n de lo m\u00e1gico, de lo l\u00fadico y lo esot\u00e9rico en esa pintura negra. Era anuncio de nuevas seducciones, que a partir de ese momento no cesar\u00edan de enriquecer la expresi\u00f3n del artista.<\/p>\n<p>No menos m\u00e1gico y l\u00fadico el papel de las plumas. En unas joyitas que el artista hab\u00eda trabajado con plumas hab\u00eda cedido su paleta a la pluma, y el color que la pluma aportaba al cuadro era l\u00fadico y era m\u00e1gico. Con la pluma recuperaba, al tiempo que el colorido que la pluma daba al fausto regio de nuestras viejas culturas amerindias, lo sagrado y herm\u00e9tico del sentido que las plumas ten\u00edan en sus ceremonias y rituales.<\/p>\n<p>LA SEDUCCION DE LA IMAGINERIA RELIGIOSA POPULAR<\/p>\n<p>\u201cTodo desacralizado\u201d se hab\u00eda escrito en ese ensayo de suma de un gran primer tramo de la pintura negra de Rom\u00e1n citado poco antes. Pero he aqu\u00ed que en 1985 se organiza en Guayaquil, en los amplios salones del Banco del Pac\u00edfico, la gran exposici\u00f3n \u201cArte sacro contempor\u00e1neo del Ecuador\u201d, y la curadur\u00eda <a href=\"#_ftn11\" name=\"_ftnref11\">[11]<\/a> elige para esa muestra que a muchos desconcert\u00f3 y a todos admir\u00f3 una obra de Nelson Rom\u00e1n en tres grandes paneles: \u201cLa Sant\u00edsima Tragedia\u201d.<\/p>\n<p>La obra recupera, con visi\u00f3n amplia y honda, la fiesta campesina, devolviendo a cada actor y cada acto y cada gesto su sentido l\u00fadico y m\u00e1gico, y eso m\u00e1gico abierto a lo sacro. Y ello se extend\u00eda hasta la humilde vendedora que, devotamente instalada en su puesto, parece una madona, con aureola y todo. Esos paneles pon\u00edan al espectador ante un mundo en dos niveles: el m\u00e1s ac\u00e1, entre prosaico y pintoresco, y el m\u00e1s all\u00e1, donde alientan extra\u00f1os esp\u00edritus y un clima de miedo y magia. Y objetos ceremoniales -y a la vez l\u00fadicos- como la vaca loca o el castillo pon\u00edan en relaci\u00f3n los dos niveles. En lograr esa intercomunicaci\u00f3n ve\u00eda el artista la m\u00e1s honda y obscura funci\u00f3n de la fiesta popular.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hab\u00eda ocurrido con el Rom\u00e1n implacable en su desacralizaci\u00f3n de un mundo que hallaba -con sobra de raz\u00f3n- absurdo?<\/p>\n<p>Hab\u00eda dado, en una de esas enriquecedoras vueltas a la rica carga folcl\u00f3rica que le ven\u00eda de su infancia pueblerina y los largos vagabundeos por fiestas y celebraciones campesinas con su padre, con la religiosidad popular.<\/p>\n<p>\u201cLa Sant\u00edsima Tragedia\u201d se present\u00f3, como verdadera clave de sentido, en una muestra del artista ese mismo 1985 (Sala de Arte Contempor\u00e1neo, Quito), dominada por penetrantes se\u00f1alamientos a lo sacro de la imaginer\u00eda religiosa popular con sus mitificaciones sincr\u00e9ticas de judeo-cristianismno y lo m\u00e1gico solar. \u201cEl dios de los p\u00e1jaros\u201d era a medias danzante fatigado y a medias un ser m\u00edtico en descomunal reposo. El oro de la m\u00e1scara y el fino dibujado\u00a0 en oro de las alas confer\u00edan al personaje su dignidad y extra\u00f1eza. Y enriquec\u00eda los sentidos de una criatura as\u00ed una escena desarrollada al pie: grotesca danza de diminutos seres aureolados.<\/p>\n<p>Vive Rom\u00e1n un per\u00edodo de fascinaci\u00f3n por lo popular, por lo popular profundo, que es el territorio del folclor, que le conduce al s\u00edmbolo. Lo uno y lo otro ven\u00edan de atr\u00e1s, la seducci\u00f3n folcl\u00f3rica de muy atr\u00e1s. Pero ahora se siente que se llega a esas dos ricas canteras ya familiares con nueva lucidez y mayor audacia.<\/p>\n<p>Del folclor se insiste en fiesta y m\u00e1scaras. De esta hora es un retablo que en su parte central ten\u00eda un enmascarado cabalgando sobre una m\u00e1scara-le\u00f3n, mientras de lado y lado se ordenaban en bloques m\u00e1scaras humanas y bestiales, de dibujo recio, en conjunto al que daba unidad un hiriente cadmio -pintado sobre base de azul, que por resquicios sal\u00eda a la superficie.<\/p>\n<p>Y el s\u00edmbolo se convert\u00eda en centro de composici\u00f3n y clave de sentido totalizante. As\u00ed en un tr\u00edptico en cuyo panel central un \u00e1rbol de fastuosos verdes con la serpiente al pie evocaba mito y s\u00edmbolo genes\u00edaco, mientras en los paneles laterales se api\u00f1aban ciegos en tortuoso avance hacia el \u00e1rbol -desasosegante s\u00edmbolo de la condici\u00f3n humana.<\/p>\n<p>Y \u201cEl monte de las serpientes\u201d se compon\u00eda en torno al tri\u00e1ngulo esot\u00e9rico.<\/p>\n<p>Y el simbolismo se extremar\u00eda en obras de gran complejidad visual y sem\u00e1ntica. \u201cEl monte de las serpientes\u201d -que es ya de 1991- compon\u00eda todo un rico y tenso conjunto de elementos simb\u00f3licos y m\u00edticos en torno al tri\u00e1ngulo esot\u00e9rico. Sobre \u00e9l un grupo abigarrado y tenso de humanos con extra\u00f1as m\u00e1scaras; arriba, follaje de delineados en oro con serpientes; a la izquierda, una pareja copulando (en el tronco que envuelve la serpiente). Al pie, cenefa de peces y serpientes. Y personajes mitol\u00f3gicos. Todo con la riqueza de recursos que iba del inconfundible dibujo de Rom\u00e1n al trabajo de encaprichada artesan\u00eda con el oro.<\/p>\n<p>Era, sin duda, Rom\u00e1n uno de los artistas americanos que con mayor riqueza y hondura trabajaban el fil\u00f3n de mito y magia. Ya en 1978 se lo hab\u00eda reconocido al invitarlo muy especialmente a la Primera Bienal Mitos y Magia, en Sao Paulo.<\/p>\n<p>Antes de salir para Par\u00eds, a exponer individualmente en las dos salas de \u201cEspacio Latinoamericano\u201d -la galer\u00eda de Le Parc y su grupo- (1987), presenta Rom\u00e1n en Quito una muestra que, como todas las suyas, junto a moroso ahondamiento, ofrec\u00eda novedades.<\/p>\n<p>En lo formal, hab\u00eda obras de trazo nervioso, vehemente, casi basto, que tornaba aun m\u00e1s desgarrador su fe\u00edsmo, y con un color violento, todo lo cual parec\u00eda franca alusi\u00f3n a la pintura de los \u201cnuevos salvajes\u201d europeos. Y en el dibujo de sus cabezas y m\u00e1scaras se luc\u00eda una l\u00ednea gruesa de gran econom\u00eda expresiva.<\/p>\n<p>En la visi\u00f3n del mundo, sit\u00faa por primera vez sus aquelarres esperp\u00e9nticos en un escenario urbano. As\u00ed el tr\u00edptico de la Plaza del Teatro -la vieja e ilustre plazoleta quite\u00f1a hacia la que se abre el Teatro Sucre, y en uno de cuyos lados, el oriental, en casa angosta y alta de tres pisos, hab\u00eda instalado su taller el artista.<\/p>\n<p>Mundo sombr\u00edo de vagabundos que duermen en portales y variopinto de charlatanes de feria y equilibristas y prestidigitadores. En la tela central, un equilibrista parado de manos, en rojos, rodeado por coro de figuras obscuras. El simbolismo, directo y penetrante, se ha confiado a ese hiriente contraste crom\u00e1tico: entre vida y fiesta, la que sea, y pura miseria y sombr\u00edo vegetar. En los paneles de izquierda y derecha, otros de estos h\u00e9roes que rompen la cotidianidad alienada y vac\u00eda. En el izquierdo, un charlat\u00e1n de feria gesticula; los desheredados componen l\u00fagubre cenefa de amarillos contra el gris y cer\u00faleo de fr\u00edos portales. En el panel derecho, el feriante maneja, como otro pudiera hacerlo con aves o monos, peces; los peces simb\u00f3licos de Rom\u00e1n. En suma, que en el centro de cada uno de los paneles est\u00e1 lo l\u00fadico y m\u00e1gico -as\u00ed sea de charlatanes de feria y otros ilusionistas-, contrastando con los\u00a0 obscuros aquelarres esperp\u00e9nticos. Desoladora visi\u00f3n de la miseria urbana y un panel m\u00e1s de la sombr\u00eda imagen del mundo que el artista hab\u00eda ido construyendo, retablo a retablo y cuadro a cuadro.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>DEL BARROCO AL MANIERISMO Y LA SINTESIS<\/p>\n<p>Nelson Rom\u00e1n se instala en Par\u00eds por el 1989 y 1990 -desde el 82 hab\u00eda vivido all\u00ed largas temporadas-. En los comienzos de su per\u00edodo parisino se da cierto paso de su barroco americano goyesco a un manierismo. Y hallamos en sus obras mayor complejidad en los signos, mayor variedad en los elementos, mayor multiplicidad de trazos. \u201cPara m\u00ed -me dijo el artista en alg\u00fan encuentro a comienzos de la d\u00e9cada- es un retorno a lo est\u00e9tico\u201d.<\/p>\n<p>Hab\u00eda, sin embargo, mucho m\u00e1s de seducciones europeas en su arte y cosas tan viscerales como la caotizaci\u00f3n de lo europeo postnietzcheano.<\/p>\n<p>Pero todo esto se funde en el crisol americano y la renovaci\u00f3n formal dice con nuevas calidades lo m\u00e1gico americano. Ese encaprichado realizar manierista se luce en las alas como de orfebrer\u00eda en oro de un diablo instalado sobre un fondo azul, y en preciosos peces de oro a los cuales tan bien les sienta aquello para\u00a0 realzar su condici\u00f3n simb\u00f3lica.<\/p>\n<p>Este hacer manierista incita al artista americano a pintar la selva, en lujuriantes juegos de verdes y azules. Buen escenario para un diablo en rojos y personajes y escenas con aire m\u00edtico o m\u00e1gico.<\/p>\n<p>Y en la b\u00fasqueda de belleza da con la mujer-belleza. La mujer de cabellera de peces de oro y cabellos de oro, la ni\u00f1a con rica diadema \u00e1urea.<\/p>\n<p>Los juegos manieristas se cargan de obscuros sentidos m\u00edticos: sobre la cabeza de un personaje de diadema sacra, en lago azul, pez, serpiente y animales mitol\u00f3gicos.<\/p>\n<p>Se iba haciendo riqu\u00edsima s\u00edntesis. Frutos de la fusi\u00f3n de esas incitaciones europeas con los espesos limos americanos iban surgiendo grandes obras, como aquella en que \u00e1rboles de preciosas hojas de bronce abr\u00edan un espacio central de azul intenso en que flotaban dos parejas en estrecho abrazo. Al pie, en los v\u00e9rtices, otras dos. En el espacio un \u00e1guila \u00e1urea y la serpiente mitol\u00f3gica. El manejo del espacio recordaba antiguas escenograf\u00edas, pero ahora con esquemas seudocl\u00e1sicos.<\/p>\n<p>La s\u00edntesis invita al artista a retomar el tema er\u00f3tico, con enriquecido juego de s\u00edmbolos, en conjuntos bellos de dibujo y exactos de composici\u00f3n. Como una tela dominada por el caballo simb\u00f3lico, con follaje de serpientes y hojas de bronce arriba, y al pie, peces, tambi\u00e9n bronc\u00edneos. Y sobre los peces, debajo del caballo, la pareja en el acto er\u00f3tico, en violetas, que contrastaban con los rojos fuertes, dram\u00e1ticos, en que se hab\u00eda realizado el caballo (\u201cEr\u00f3tico\u201d).<\/p>\n<p>Lo er\u00f3tico cargado de substancia americana, llegada desde una cultura milenaria, se realiza en una serie de trabajos incitantes y original\u00edsimos: los amantes de Sumpa. Los dos esqueletos, var\u00f3n y hembra, unidos en estrecho abrazo -y al parecer ajusticiados, as\u00ed, juntos-, hallados por arque\u00f3logos en la Puntilla de Santa Elena, fueron para el artista motivo fascinante. Y la fascinaci\u00f3n se volc\u00f3 en color -l\u00edricos azules, verdes de rico trabajo, intensos rojos intencionadamente situados- y el uso de elementos relacionados con la m\u00e1s ilustre antig\u00fcedad americana y de por s\u00ed bellos, como plumas y conchas.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>EL ENRAIZAMIENTO A LA DISTANCIA<\/p>\n<p>Y, lograda la s\u00edntesis de esas seducciones formales europeas y la bullente substancia americana, se da en el artista un fen\u00f3meno en extremo sugestivo: el enraizamiento a la distancia. Un enraizamiento en lo propio, lo americano, nutrido de ausencias y nostalgias.<\/p>\n<p>Hay un s\u00edmbolo clave que da su espacio mitopo\u00e9tico y m\u00e1gico a tan fecundo fen\u00f3meno espiritual: esa \u201cAXZA AXZA XXIII\u201d, ciudad perdida, mitad del mundo, con que se anunci\u00f3 una nuestra quite\u00f1a. Es una ciudad inventada por el artista espacialmente desgajado de su tierra patria, que, en \u00e1vida afirmaci\u00f3n de totalidad, ha unido la A del origen con la Z del final, relacionadas por la X del enigma, y vuelta a la A, para iniciar el movimiento c\u00edclico propio de la temporalidad en la cosmovisi\u00f3n ind\u00edgena andina.<\/p>\n<p>Este enraizamiento, al que se ha dotado de un espacio m\u00edtico, hace que s\u00edmbolos y signos ancestrales cobren nueva magia, que el artista traduce en color -esta es una hora decisiva para el color de Rom\u00e1n-. \u201cCoraz\u00f3n del cielo, coraz\u00f3n de la laguna\u201d es espiral de verdes y oros, con plumas. (Plumas preciosas -como las del colibr\u00ed- seducen especialmente al Rom\u00e1n de esta hora no solo por la belleza de sus colores, imposibles de reproducir, sino tambi\u00e9n por la carga de sacralidad cobrada a trav\u00e9s de siglos de cultura ind\u00edgena americana en rito y ceremonia); con el oro al centro, contra fondo de un morado fuerte, de mestiza estridencia. Igual juego crom\u00e1tico en \u201cSer hombre\u201d (1993): en verdes y oros el pez al que le nacen piernas. Y en los verdes y rojos violentos -y cargados de insinuaciones de sentidos &#8211; de \u201cPescadores en el gran azul\u201d.<\/p>\n<p>Este color, tan decidido, de tanta carga sem\u00e1ntica, llega a las turbiedades -verdes, negros, rojos, fragmentos dorados- de la gran cuadr\u00edcula central de \u201cC\u00f3dice rojo\u201d. Y se extrema en la audacia del d\u00edptico \u201cCaballos y felinos rojos\u201d, en que el caballo blanco sumido en la crudeza agobiante del rojo sangre cobra algo de tr\u00e1gico o de ceremonial.<\/p>\n<p>Este florecer del color violento, rico y cargado de sentido era la madurez de proceso que comenz\u00f3 a mediados de los ochenta, cuando dej\u00f3 el cadmio y pas\u00f3 por variada gama de amarillos al cobre y hasta el oro -no para ornamentar sino en procura del simbolismo de lo \u00e1ureo: para alas, para el ma\u00edz-. Despu\u00e9s se fue ahondando en el azul: azules enigm\u00e1ticos, espirituales, para alojar esos oros y contrastar con viejos rojos ceremoniales y rojos vibrantes, signos de fuerza, pasi\u00f3n y sangre. En el verde se lleg\u00f3 a bell\u00edsimos verdes para follajes de una realidad transfigurada. Y, sin que obstase su poderosa\u00a0 novedad, eran colores lejanamente enraizados. En esos colores de la alfarer\u00eda del Pujil\u00ed que el peque\u00f1o Nelson viera tantas veces en las ferias de pueblo: azules, rojos, amarillos, dorados -las purpurinas que ten\u00eda su padre sobre la mesa del taller&#8230;<\/p>\n<p>Este color, nutrido de densas savias americanas -muchas de ellas vivas en el folclor-, m\u00e1s nuevos hallazgos de espacios, o por el mismo color o por el manejo de planos, eran escenograf\u00eda que alojaba formas firmemente dibujadas que invitaban a leerse como sintagmas de relatos m\u00edticos o como evocaciones esot\u00e9ricas.<\/p>\n<p>Pero no se trataba de ilustraci\u00f3n de relatos m\u00edticos recogidos: eran creaciones originales, imaginativas, pl\u00e1sticamente aut\u00f3nomas, en las que lo m\u00edtico se hac\u00eda no por la pintura sino en la pintura y de la pintura.<\/p>\n<p>Es entonces la hora en que la condici\u00f3n narrativa de lo m\u00edtico se traduce en series y se multiplican \u201cc\u00f3dices\u201d. Una de esas series se titul\u00f3, precisamente, \u201cC\u00f3dices\u201d.<\/p>\n<p>La serie \u201cCazadores de cabezas\u201d -una de las primeras: 1992- signific\u00f3 una aproximaci\u00f3n a lo m\u00edtico de un hieratismo que llegaba a lo geometrizante y cobraba el aire de viejos c\u00f3dices. Formas dibujadas con acr\u00edlico y cisco sobre lino encolado, con sus ocres severos en muchas piezas a la vista. Guerreros, jaguares y serpientes, y sacerdotes con adornos de plumas. Y verdes intensos para la naturaleza feraz de Am\u00e9rica. Exaltaci\u00f3n de la fecundidad: la mujer en azules apastelados, con el pegado en el sexo; la mujer abierta para recibir la simiente y entregar el fruto de la vida. Y la mujer con el sexo de oro rodeado de plumas (\u201cLuz\u201d). Y piezas como \u201cCazador\u201d, que eran homenaje a la caza como rito m\u00e1gico. en trabajos en los que dominaba el oro -color sacro.<\/p>\n<p>La serie \u201cAxza axza XXIII\u201d, de las m\u00e1s ricas, hac\u00eda sentir que el mito fascinaba al artista como pista para despegar hacia sentidos hondos de lo humano.<\/p>\n<p>El pol\u00edptico \u201cCruz de Sur\u201d ten\u00eda en su brazo inferior -dos piezas- jinetes que penetraban las rojas puertas del misterio; todo lo dem\u00e1s eran cosmogon\u00edas realizadas con dibujo que evocaba el de viejos c\u00f3dices.<\/p>\n<p>En el d\u00edptico \u201cFiguras antropo-zoomorfas y la selva\u201d se cal\u00f3 en el mito del hombre animal, y la violencia y desenfado en la resoluci\u00f3n de algunas figuras sumerg\u00eda al espectador en los or\u00edgenes de lo humano.<\/p>\n<p>Y en \u201cPersonaje de la pir\u00e1mide azul\u201d se dej\u00f3 los elementos m\u00edticos fuera de la pir\u00e1mide donde se api\u00f1aban los humanos. En lo exterior estaban el mar rojo de peces de oro y el hombre original.<\/p>\n<p>Sin perder fascinaci\u00f3n por el mito, la serie \u201cGal\u00e1pagos\u201d (1995) -veinte piezas, algunas de gran formato- ahonda en el tema del mar, con azules profundos que dominan las telas, y la naturaleza, rica de verdes casi puros aplicados con br\u00edo gestual y abigarramiento de trazos. Y, dominador de esa naturaleza, el hombre. El hombre que ha pescado y cazado: el pez (de plumas) en la una mano y la avecilla en la otra. Y aves de oro en el cielo de verdes. Pero, sobre todo, el mar. El mar en todo su misterio domina un soberbio d\u00edptico de contrapuntos hondos de azules y verdes, con un gran pez sombreado de dorados. \u00a1Qu\u00e9 cuadro para m\u00e1gico y rico! Suma de aventuras y oficios y epopeya del mar.<\/p>\n<p>Una de las series de mayor aliento -con obras monumentales- llevaba el nombre de una de sus telas, \u201cEl Dorado\u201d, que suger\u00eda la salida desde el espacio m\u00edtico de \u201cAXZA AXZA XXIII\u201d hacia b\u00fasqedas imposibles como la del fabuloso Dorado. El ensamble pol\u00edptico \u201cEl Dorado\u201d jugaba con gran libertad con im\u00e1genes m\u00edticas -el personaje el Dorado con sus manos de cabezas de serpiente y su sexo como el \u00e1rbol de la vida-. Y el d\u00edptico \u201cMonte de las serpientes\u201d daba su contexto m\u00e1gico al relato de los comienzos del hombre: el monte -gran cuadr\u00edcula de finos trazos de oro- se alzaba sobre un azul genes\u00edaco en que nadaban peces y por entre las hojas de la selva reptaban serpientes rojas. Peces y serpientes eran s\u00edmbolos de aguas originales y selvas milenarias que rodeaban las cosmogon\u00edas del origen.<\/p>\n<p>Pero en esta serie tan enraizada en obscuras cosmogon\u00edas, la gran tela \u201cBonita banana, descubridor de Europa\u201d tra\u00eda el mito hasta un pasado solo centenario -ese que el centenario del descubrimiento de Am\u00e9rica hab\u00eda puesto en el centro de reflexiones y confrontaciones- y de all\u00ed lo instalaba\u00a0 en el presente por ese recurso desacralizador y desmitificador que es la iron\u00eda. En la nave, los argonautas con fastuosas m\u00e1scaras \u00e1ureas; en el agua, la serpiente emplumada. Y todo con dibujo de hieratismo que confer\u00eda al conjunto grandeza m\u00edtica. Pero la nave era el banano: ese era el nuevo vellocino de oro. Sus connotaciones de riqueza puramente mercantil y de variadas maneras de manipulaci\u00f3n creaban la vigorosa tensi\u00f3n ir\u00f3nica desmitificadora.<\/p>\n<p>El de estas series es el Rom\u00e1n al que se invita a exponer en un Sal\u00f3n de Honor en la IV Bienal Internacional de Cuenca (1994).<\/p>\n<p>Tres grandes piezas sacadas de las series se imponen en la gran muestra con mayor\u00a0 grandeza y mayor riqueza de sentidos que cualquiera de las obras en concurso. \u201cPescadores en el mar azul\u201d, con la pir\u00e1mide convertida en balsa que conduce a esos seres en su paso del animal al humano -en rojos violentos- por sobre un mar violeta rico de peces -s\u00edmbolo de vida-. La fuerza del color -que ya hemos destacado- y la inmersi\u00f3n en ese color de un dibujo vigoroso, para la m\u00e1gica insinuaci\u00f3n de sentidos propia del mito. El gran tr\u00edptico \u201cEl Dorado\u201d, aun m\u00e1s libre en su discurso de signos -que llega al signo contempor\u00e1neo del pegado de peri\u00f3dico en la cabeza de la criatura yacente-. Y la obra ya mencionada \u201cFiguras antropo-zoomorfas y la selva\u201d, con su violencia casi genes\u00edaca.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>DE LA SINTESIS A NUEVAS APERTURAS<\/p>\n<p>En 1996 abre Rom\u00e1n una importante muestra -en el Museo del Banco Central- que presentaba los logros de esa s\u00edntesis obrada a la distancia. Aquello fue un gran despliegue de expresi\u00f3n pl\u00e1stica americana.Y lo fue tambi\u00e9n de nerviosas inquietudes y sugestivas aperturas.<\/p>\n<p>Nos introduc\u00eda en la exposici\u00f3n el \u201cCronista\u201d. Hecho de papel molido, estaba revestido de peri\u00f3dico que permit\u00eda leer las noticias, y esto lo situaba en la modernidad. Pero el color terracota nos hund\u00eda en la tierra: de esa profundidad sal\u00edan -nos dec\u00eda el color-s\u00edmbolo- las noticias realmente dignas de cr\u00f3nica.<\/p>\n<p>Y se pasaba a los c\u00f3dices: del fuego, del miedo. Mensajes con la plurisemia del signo ic\u00f3nico. Hondos y obscuros. Hasta desembocar en el \u201cC\u00f3dice del humo\u201d que era febril, honda recuperaci\u00f3n de los materiales, de la tierra a la arcilla.<\/p>\n<p>A un lado estaba el \u201cTemplo solar\u201d. Los brillantes colores de Rom\u00e1n obscurecidos. Visi\u00f3n sin nada de luminoso; m\u00e1s bien casi sombr\u00eda. El templo que vio el cronista de Cort\u00e9s cubierto por costra gruesa y sucia de sangre. Y m\u00e1scaras de oro y figuras hier\u00e1ticas, tambi\u00e9n obscurecidas. Y, ominoso s\u00edmbolo de la conquista, el caballo. \u00a1Qu\u00e9 obra tremenda era aquella!<\/p>\n<p>\u00a1Y cu\u00e1ntas obras fuertes, tensas de misterio! Como \u201cNo soy nada inocente\u201d con su color arcilla y rojos intensos contrastando lo fastuoso humano con lo gris y lo obscuro -grises y negros- de lo humano degradado.<\/p>\n<p>En la otra mitad de la muestra, la constante formal eran pegados: papeles, plumas. Entre el juego y la magia. Transmutaci\u00f3n de esos materiales, aun los m\u00e1s ordinarios, hasta lograr el espl\u00e9ndido lujo de una obra en negro. Esos elementos se tornaban palabras de frases extra\u00f1as, a la vez que formas de gran belleza. Ning\u00fan material le parec\u00eda al Rom\u00e1n de esta hora banal, pobre o burdo. Papel crep\u00e9 y papel aluminio pod\u00edan convertirse en m\u00e1scara ceremonial. Materiales de desecho pod\u00edan transfigurarse en algo tan fastuoso como los atuendos de los danzantes rituales. Con plumas, conchas y cabuyas pod\u00eda construirse riqu\u00edsimo t\u00f3tem.<\/p>\n<p>La magia era la varita m\u00e1gica que obraba esas transfiguraciones. La magia presid\u00eda desates barrocos de trazos y plumas en piezas casi alucinantes.. Y la magia llegaba a \u201cLa regi\u00f3n subterr\u00e1nea\u201d, escena de Divina Comedia americana mestiza, rica de signos.<\/p>\n<p>Y hab\u00eda una sugestiva apertura. Muchas figuras, cobrando especiales valores volum\u00e9tricos -virtuales, ilusionistas-, parec\u00edan reclamar espacialidad. Y el artista se mostr\u00f3 sensible al reclamo. Salt\u00f3 a la espacialidad. Con br\u00edo, con \u00edmpetu, con libertad. Fueron criaturas de Rom\u00e1n -con su forma, con su color- que se convirtieron en maquetas de posibles esculturas.<\/p>\n<p>Importa a\u00f1adir que la producci\u00f3n de esta hora de nuestro artista es muy rica, y el estudioso se queda siempre corto al tratar de dibujar su panor\u00e1mica.<\/p>\n<p>Recuerdo\u00a0 una obra que era un sol-oro, con serpientes por rayos, sobre un azul m\u00edstico -enre prusia y ultramar-, y el oro recog\u00eda y devolv\u00eda luz. \u00a1Y tantas otras no menos bellas y hondas! En s\u00edntesis sumaria puede decirse que lo m\u00e1s sugestivo de tan vasta producci\u00f3n se mov\u00eda entre lo m\u00e1gico, lo l\u00fadico y lo m\u00edtico, y que las claves de sentido anclaban en el contraste entre lo fastuoso y lo ordinario -que se ve\u00eda como en pocos casos en un homenaje al ma\u00edz- y en los poderes del arte para transfigurar hasta lo m\u00e1s banal y hacer de todo signo. Signo americano enraizado.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>LA FASCINACION DEL DIBUJO<\/p>\n<p>Rom\u00e1n &#8211;hemos dado con ello ya varias veces en este ensayo- fue siempre un estupendo dibujante. Para \u00e9l el dibujo, m\u00e1s all\u00e1 de habilidad innata y destreza dominada, era fascinaci\u00f3n y poderoso instrumento para trasmitir visi\u00f3n del mundo y hacer aguda cr\u00edtica social.<\/p>\n<p>En su trayectoria hay momentos en que el dibujo parece saltar a primer plano y son dibujos sus obras m\u00e1s importantes.<\/p>\n<p>As\u00ed la d\u00e9cada de los ochenta, caracterizada por espl\u00e9ndidos dibujos en formato heroico, como el que fue a la Bienal de Medell\u00edn y al Sal\u00f3n de los Independientes, en el Grand Palais, en Par\u00eds -este \u00faltimo ya en el 85-. En ese dibujo -de 135 por 213 cent\u00edmetros-, titulado \u201cCotopaxi\u201d, fechado en 1981 y trabajado en homenaje a\u00a0 Te\u00f3filo Quishpe -indio de Cotopaxi que hac\u00eda la ropa de los danzantes-, un personaje que parece reunir signos y atributos de los disfrazados de las fiestas folcl\u00f3ricas llena todo el espacio, imponente. Y extra\u00f1o, cargado de signos. Tiene piernas y pies de oso, pero tambi\u00e9n alas. Y lleva ce\u00f1ida una banda presidencial. Es el juego farsesco con esa dimensi\u00f3n simb\u00f3lica que le confiere la fiesta popular. Y un \u00faltimo toque ir\u00f3nico, de rica plasticidad: las alas est\u00e1n adheridas con remaches, dibujados, claro. Todo con un movimiento de las formas que da tensi\u00f3n y fuerza a la impresionante figura y con l\u00ednea que se aprovecha de la pastosidad del carb\u00f3n \u201cCont\u00e9 Carr\u00e9\u201d.<\/p>\n<p>D\u00e9cada de dibujo abierta con \u201cCotopaxi\u201d se cierra con un soberbio dibujo er\u00f3tico fechado en Par\u00eds el 89. En juego de negros y rojos violentos, la pareja enlazada en formas de intensa voluptuosidad, y el hombre con cabeza de toro, que confiere dimensi\u00f3n simb\u00f3lica al acto de la posesi\u00f3n.<\/p>\n<p>Y hasta cuando, alguna rara vez, responde al reto de ilustrar, Rom\u00e1n se muestra libre y personal\u00edsimo en su dibujo. As\u00ed en el dibujo que hace para mi libro <strong>Por los caminos del Quijote <\/strong>(1980), que se expuso en la muestra \u201cEl Quijote en el arte ecuatoriano\u201d y fue la obra seleccionada para la portada del bell\u00edsimo cat\u00e1logo <a href=\"#_ftn12\" name=\"_ftnref12\">[12]<\/a> Es un trabajo de multiplicados y fin\u00edsimos trazos de plumilla. Contra un fondo obscuro de riqu\u00edsimo entramado, la figura del caballero andante. De m\u00e1scara, alto y fastuoso tocado, alas y una sepiente enrollada en su pierna -todo carnavalesco, pero de extra\u00f1a dignidad y misterioso-. Rocinante con los ojos vendados: no es el instinto animal el que guiar\u00e1 esas desorbitadas andanzas, sino la locura. Sobre la cabeza del caballo, s\u00edmbolo de locura (y juego), un mono.<\/p>\n<p>Y, mientras el bloque mayor de su producci\u00f3n parisina apuntaba ya a algo que el propio artista ha llamado \u201cobra total\u201d, Rom\u00e1n, el dibujante de tantos memorables logros,\u00a0\u00a0 armado solo de su dibujo -sus carbones y su sanguina-, arremete, al voltear el siglo, con otra soberbia empresa enraizada en tierra americana: recuperar para lo contempor\u00e1neo -las formas y la sensibilidad posmoderna- el mundo religioso barroco de uno de los dos mayores imagineros de la Escuela Quite\u00f1a, el genial Caspicara.<\/p>\n<p>Meses le ha llevado al artista penetrar en el mundo de Caspicara. No como estudioso del arte colonial quite\u00f1o: como un creador, heredero de ese arte. Para decir su hallazgo, no en un texto hist\u00f3rico-cr\u00edtico sino en formas. Con la t\u00e9cnica que de modo m\u00e1s nervioso y con mayor inmediatez plamase lo nacido de ese visceral encuentro: el dibujo.<\/p>\n<p>Fueron dibujos grandes y medianos y hasta dibujos que saltaron de las paredes -del Centro Cultural de la Universidad Cat\u00f3lica (2001)- al espacio central del gran recinto, a modo de instalaci\u00f3n: as\u00ed una larga cauda -de papel Kraft- toda ella dibujada de signos religiosos.<\/p>\n<p>El dibujo mayor, \u201cSue\u00f1o de San Jos\u00e9\u201d, tentaba una panor\u00e1mica del drama del calvario -ha de recordarse que el motivo del crucificado inspir\u00f3 algunas de las mayores esculturas de Caspicara, sus bell\u00edsimo crucifijos.<\/p>\n<p>Otros descend\u00edan al detalle. Como una impresionante Piet\u00e1 -que remit\u00eda a la S\u00e1bana Santa, el espl\u00e9ndido grupo de Cristo muerto en brazos de su madre del maestro quite\u00f1o- en que todo se concentraba en el rostro de Cristo muerto, y, en ese rostro, en los ojos, el uno cerrado y el otro con l\u00edvido brillo de agon\u00eda y muerte.<\/p>\n<p>La muestra de estos dibujos, aunque impresion\u00f3, desconcert\u00f3. \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda all\u00ed de Rom\u00e1n?<\/p>\n<p>Lo que hab\u00eda de Rom\u00e1n era el haber asumido -y tan gallardamente- el reto de dar contemporaneidad formal a las piezas de Caspicara. De la perfecci\u00f3n absoluta de las formas del maestro a formas sincopadas, en casos levemente deformadas. De su expresi\u00f3n acabada y llena, al dibujo nervioso, alguna vez fragmentario sobre el blanco del papel.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>EL ROMAN PARISINO<\/p>\n<p>Rom\u00e1n, hombre de dos mundos, al tiempo que hurgaba viualmente lo americano, iniciaba su relaci\u00f3n art\u00edstica con Par\u00eds a trav\u00e9s de nuevas series.<\/p>\n<p>Una primera de estas series la inaugura un trabajo l\u00fadico, de fina alusi\u00f3n al mundo de la cultura y el libro que era el parisino, a la vez que rend\u00eda risue\u00f1o homenaje a uno de sus mitos: \u201cEl vampiro de Par\u00eds\u201d. El vampiro con su capa negra, sobre fondo rojo sangre, echado de bruces con la cabeza sobre el ejemplar -un encolado del libro mismo- de la famosa novela de Bram Stoker que dio ser a Dr\u00e1cula.<\/p>\n<p>Y el \u201cC\u00f3dice Borb\u00f3nico\u201d, con el famoso c\u00f3dice y elementos encolados alud\u00eda a los blasones de la vieja ciudad. Al tiempo que \u201cPar\u00eds, cahier de la mode\u201d recordaba a la ciudad que hab\u00eda dictado modas al mundo: una simple rosa roja sobre fondo azul.<\/p>\n<p>\u201cEnsambles de la rue de Montroill\u201d -trabajada entre 1999 y 2003- fue empresa de reciclaje de materiales parisinos. Maqueta trabajada con pedacitos de boletos del metro de Par\u00eds; barcas hechas de desechos; cartones recogidos de la basura pra convertirlos en m\u00e1scaras. Y junto a esos materiales banales, casi s\u00f3rdidos, plumas. Con su fastuosidad degradada, pero con su belleza intacta. Y en esos pegados, el color. Un color asordinado, grave: rojos como sangre, ocres viejos. Ya sin oro ni esplendor alguno.<\/p>\n<p>\u201cVisiones y alucinaciones de Par\u00eds\u201d\u00a0 -del 2000- recuper\u00f3 nerviosa y certeramente extra\u00f1ezas y misterios de la centenario ciudad. El vendedor de m\u00e1scaras, que eleva la de Victor Hugo, el mascar\u00f3n de Saint Michele, las g\u00e1rgolas de Notre Dame, faunos junto a nobles monumentos funerarios del Pere Lachaise. Sobre el blanco del papel de embalaje im\u00e1genes nerviosas, de mancha libre; tintas sepias, tintas negras, verdes de gouache; pegados. Testimonios de fresca inmediatez de la seducci\u00f3n que sobre el artista americano ejerc\u00eda la ilustre ciudad europea; calas en su esp\u00edritu descifradas visualmente de piedras y rincones.<\/p>\n<p>Y con esa misma voluntad de descifrar Par\u00eds, el artista se volvi\u00f3 a la torre Eiffel y<\/p>\n<p>su dibujo se extrem\u00f3, con encaprichamientos de ra\u00edz manierista, en una serie sobre la emblem\u00e1tica torre, no como motivo pintoresco o tur\u00edstico, sino como \u00edcono rico de claves para penetrar en lo parisino. Y en deliciosos juegos ir\u00f3nicos surgieron, al conjuro de fino dibujo, en grandes cartulinas, una torre Eiffel que es \u00e1rbol o es una mujer con follaje de \u00e1rbol en la cabeza, una torre Eiffel mu\u00f1eca, una torre Eiffel jirafa, la torre convertida en mujer de festivo vestido largo, la torre entre los amantes que se besan, la torre con el \u00e1ngel detr\u00e1s&#8230;<\/p>\n<p>Pero el Rom\u00e1n parisino quiere presentar en la ciudad rica de seculares tradiciones y rebosante de arte y cultura algo de sus tradiciones americanas. Y en la serie \u201cQuite\u00f1adas y torer\u00edas\u201d -2000- se vuelve a los toros de su infancia pueblerina. Con goauche y tintas. Gouache acuarelado para trabajos de gran libertad de mancha y fino dibujo ir\u00f3nico. La cabeza del toro, por ejemplo, enmarcada en moldura neocl\u00e1sica. O con evocaciones goyescas -el taurino fue tema que fascin\u00f3 al maestro de Fuentodos-: \u201cPor la puerta grande\u201d, de fino claroscuro; el torero y la cenefa de figuras apenas dibujadas, contra la cuadr\u00edcula de verdes agrisados. Fue una serie te\u00f1ida de nostalgias\u00a0 (los ni\u00f1os que juegan a toreros en \u201cGloria al toreo\u201d) y nutrida de recuerdos (en que aparecieron personajes\u00a0 de la tierra patria como Leonidas Plaza -cuan largo era, dando un pase a diminuto becerro- o Edgar Pe\u00f1aherrera saliendo de la plaza hombros).<\/p>\n<p>Y en el 2003 volvi\u00f3 al tema con \u201cTauromaquia\u201d, en ejercicios de enorme libertad de trazo y mancha, de austera econom\u00eda crom\u00e1tica -el rojo, el negro, los ocres-amarillos para la arena-. Con nuevas alusiones goyescas -un grupo tenso de vida junto al toro, escenas que se convierten en aquelarre sombr\u00edo- y conjuntos de gran plasticidad -como el colage del torero sentado de espaldas y el grader\u00edo con dibujo que se deshace en simples trazos nerviosos, m\u00e1s unos rojos intencionados.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>LA OBRA TOTAL<\/p>\n<p>Rom\u00e1n comienza en Quito el 200l una obra y la termina en Par\u00eds el 2003. En rojos. Formas que se deshacen, manchas que brotan con inusitada libertad, casi ca\u00f3tica. Un fragmentarismo al que apenas sueldan en unidad restos de antiguos esquemas compositivos y el dibujo.<\/p>\n<p>Dir\u00edase resumir a un Rom\u00e1n que, traspasada la plenitud de su etapa ancestralista, buscaba nuevas maneras de realizarse y de decir el mundo.<\/p>\n<p>Todas las series alojadas de uno un otro modo en la mitopo\u00e9tica <em>Axza axza XXIII<\/em> hab\u00edan significado indagaciones apasionadas del color americano desde sus fastos regios y obscuros rituales hasta sus supervivencias mestizas en artesan\u00edas, m\u00e1scaras e indumentarias. Se hab\u00eda, adem\u00e1s, eriquecido grandemente el repertorio de formas y se hab\u00edan dominado nuevos espacios, sobre todo por el manejo de planos. Y el concepto hab\u00eda sido cada vez m\u00e1s claro, m\u00e1s penetrante: instalar en la contemporaneidad mito y magia americanos, con toda su carga de sentidos e iluminaciones de lo humano.<\/p>\n<p>Todo esto hab\u00eda sido construir. Elevar edificaciones de sentido sobre cimientos largamente sentados. Ahora sent\u00eda el inquieto creador que era llegado el tiempo de la deconstrucci\u00f3n, tan de moda en Francia.<\/p>\n<p>Entonces se da el artista a radicales libertades en forma y color, que rompen con el acabamiento del per\u00edodo postmanierista: libertades en el entintado -acr\u00edlicos (azules, rojos), alg\u00fan \u00f3leo-, vehemencia crom\u00e1tica en otros casos -con especial fascinaci\u00f3n por los rojos-, y el dibujo como si volviera a los comienzos.<\/p>\n<p>Y en lo conceptual se trabaja en una nueva s\u00edntesis de lo europeo con lo americano. El artista mestizo, tan visceralmente arraigado en el mundo amerindio y a la vez deslumbrado por esa Europa de sabios y viejos refinamientos culturales en que vive, se siente en situaci\u00f3n privilegiada para tentar esa s\u00edntesis.<\/p>\n<p>Hay obras en que esta decisi\u00f3n de enfrentamiento de los al parecer contrarios se expresa en trabajar lo americano -formas f\u00e1licas, con plumas; formas tel\u00faricas- sobre pegados de afiches de la Opera de Par\u00eds y espacios en blanco vac\u00edos.<\/p>\n<p>La conjugaci\u00f3n de esas libertades formales con esta decisi\u00f3n de s\u00edntesis hace sentir un movimiento hacia la totalidad. Pegados de afiches parisinos, el dibujo sabio ahora con nuevas vehemencias, el color violento y libre, los espacios y los blancos. Y, signos de ruta en medio del caos formal inminente, formas ancestrales amerindias y el color mestizo -esos azules prusias con manchas s\u00edgnicas, el rojo y el negro cargados por larga trayectoria de valores simb\u00f3licos.<\/p>\n<p>Y en esta hora de totalidades el objeto cobra nueva importancia. Hojas, papel artesanal, papel de embalaje, telas viejas, chatarra y desechos hallados en las calles parisinas, afiches despegados de carteleras y muros.<\/p>\n<p>Se acude a chatarra y otros materiales aun m\u00e1s prosaicos y hasta s\u00f3rdidos, que imponen al cuadro la ruptura de la bidimensionalidad pict\u00f3rica. No es ceder a modas y noveler\u00edas: es la obra que busca espacios y rupturas. Y quien maneja todo eso es el demiurgo americano: de la chatarra surgen nuevas m\u00e1scaras, algunas de un hiriente grotesco contempor\u00e1neo; nuevos fetiches y t\u00f3tems. Y vuelve la pluma a\u00a0 poner notas de color vibrante. Y sobre todo eso se mancha y se traza vigorosamente. Para completar esa remitificaci\u00f3n del mundo contempor\u00e1neo hasta en lo m\u00e1s banal, s\u00f3rdido y triste del consumismo.<\/p>\n<p>Y, al romper la bidimensionalidad, se multiplican maquetas escult\u00f3ricas que parecen reclamar el salto a la monumentalidad. En el Simpopsio de Santiago de Chile dar\u00e1 ese salto la maqueta surgida del cuadro \u201cVariantes de la forma coraz\u00f3n\u201d: el hombre hecho de corazones rojos, con la cabeza m\u00e1scara.<\/p>\n<p>Entonces, acaso m\u00e1s que de obra total, que resume el propio artista, debamos hablar de obra abierta a la totalidad, de obra totalmente abierta.<\/p>\n<p>Testimonia esa apertura hacia la totalidad lo que en la obra de Rom\u00e1n es a\u00fan solo proyecto: un arte de la naturaleza. El proyecto \u201cPanecillo\u201d sue\u00f1a con una gran tarea multidiscplinaria que recupere la peque\u00f1a colina donde el Quito primitivo erigi\u00f3 su templo al Sol. Con varias recuperaciones, que ir\u00edan de lo agr\u00edcola ancestral a lo ritual<\/p>\n<p>Esta b\u00fasqueda febril de aperturas y totalidades constituye, sin duda, formidable reto y riesgo radical. Es el trabajador que ha acumulado laboriosa y concienzudamente s\u00f3lida fortuna de formas para una penetrante y desolada visi\u00f3n del mundo y la apuesta entera a un sumirlo todo en convulsos comienzos y horizontes que son pura apertura.<\/p>\n<p>Pero Nelson Rom\u00e1n ha amado siempre el arriesgarse. Y el \u00e9xito de todas sus grandes aventuras pict\u00f3ricas -que este ensayo, a largos trancos, ha recordado- le ha hecho confiar en los poderes de su arte. De su dibujo penetrante, de su color rico de resonancias, de sus sabidur\u00edas para componer, de su magia para convocar a sus ceremonias visuales lo viejo y lo nuevo, lo consagrado y lo excomulgado, lo bello y lo feo, lo lleno y lo vac\u00edo, lo propio y lo ajeno, el detalle precioso y la totalidad abierta.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Alangas\u00ed, en el Valle de los Chillos, 29 de junio de 2004<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a>\u00a0 Ramiro J\u00e1come\u00a0 Durango, \u201cLos cuatro de la Ronda\u201d en Hern\u00e1n Rodr\u00edguez Castelo, <strong>Iza, J\u00e1come, Rom\u00e1n, Unda, los cuatro mosqueteros<\/strong>, Quito, Fundaci\u00f3n Cultural Exedra, 1993. p. 59<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a>\u00a0 V\u00e9ase sobre este movimiento en el que nuestros j\u00f3venes artistas, como todos los creadores\u00a0 con inquietud social y pol\u00edtica, participaron de uno u otro modo: Hern\u00e1n Rodr\u00edguez Castelo, <strong>Revoluci\u00f3n cultural<\/strong>, Quito, Casa de la Cultura Ecuatoriana, 1968<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a>\u00a0 Hern\u00e1n Rodr\u00edguez Castelo, \u201cInquietud y b\u00fasqueda\u00a0 en muestra de Unda y Rom\u00e1n\u201d, \u201cEl Tiempo\u201d, Quito, 16 de marzo de 1969<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\">[4]<\/a>\u00a0 <strong>Benedetto, Rom\u00e1n, Unda<\/strong>. Abril 1969. Museo de Arte Moderno, Bogot\u00e1. Cat\u00e1logo. Hay mucho de discutible en este texto cr\u00edtico. Lo primero, la opci\u00f3n no era entre lo guayasaminiano y lo antiguaysaminiano -como dice Marta Traba, obsesionada por Guayasam\u00edn-, sino entre la po\u00e9tica del Realismo Social -much\u00edsimo m\u00e1s rica y variada que Guayasam\u00edn- y la nueva de los precolombinistas; lo segundo, el aporte mayor del Rom\u00e1n y Unda de esta hora era el dibujo, en el que pesaba m\u00e1s Benedetto -y acaso Cuevas- que Viola. Y en el dibujo ecuatoriano de este momento hab\u00eda figuras importantes. Como Cifuentes y Muriel a los que la propia Marta Traba llev\u00f3 a exponer en Bogot\u00e1. Y no menos discutible lo del color en la pintura ecuatoriana, que hab\u00eda evolucionado hacia un sensible enriquecimiento. Si lo citamos es tan solo por lo que pes\u00f3 en este momento en la trayectoria de Rom\u00e1n.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\">[5]<\/a>\u00a0 J\u00e1come, texto cit. en la nota l, p.57<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\">[6]<\/a>\u00a0 \u201cEl Tiempo\u201d, Quito, 2 de agosto de 1970<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref7\" name=\"_ftn7\">[7]<\/a>\u00a0 En \u201cEl Tiempo\u201d, Quito, 8 de octubre de 1971<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref8\" name=\"_ftn8\">[8]<\/a>\u00a0 Hern\u00e1n Rodr\u00edguez Castelo, \u201cOficio maduro e inquietud abierta y rica: Nelson Rom\u00e1n\u201d, \u201cEl Tiempo\u201d, Quito, mayo de 1975<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref9\" name=\"_ftn9\">[9]<\/a>\u00a0 Hern\u00e1n Rodr\u00edguez Castelo, \u201cNelson Rom\u00e1n\u201d, Revista Diners, l, Quito, marzo 1980, pp. 47<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref10\" name=\"_ftn10\">[10]<\/a>\u00a0 Texto reproducido\u00a0 en Hern\u00e1n Rodr\u00edguez Castelo, \u201cNelson Rom\u00e1n m\u00e1s que el Mariano Aguilera\u201d, <strong>Microensayo<\/strong>, \u201cEl Tiempo\u201d, Quito, 27 mayo 1978<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref11\" name=\"_ftn11\">[11]<\/a>\u00a0 Que la hizo la Dra. In\u00e9s Flores. Para el hermoso cat\u00e1logo escrib\u00ed un largo ensayo titulado \u201cArte sacro contempor\u00e1neo del Ecuador\u201d, que dio t\u00edtulo a la publicaci\u00f3n. A Rom\u00e1n le dedico espacio en el apartado \u201cEntre el fe\u00edsmo y la magia\u201d,p. 35. <strong>Arte sacro contempor\u00e1neo del Ecuador<\/strong>, Guayaquil, Museo Antropol\u00f3gico y Pinacoteca del Banco Central Guayaquil-Museo Arqueol\u00f3gico del Banco del Pac\u00edfico, 1985<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref12\" name=\"_ftn12\">[12]<\/a>\u00a0 <strong>El Quijote en el arte ecuatoriano<\/strong>, Quito, Centro Cultural Benjam\u00edn Carri\u00f3n, 2004<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; En 1972 el Premio de Par\u00eds -prestigiosa distinci\u00f3n para un artista menor de treinta a\u00f1os- fue para Nels\u00f3n Rom\u00e1n. \u201cHomenaje a C\u00e9sar D\u00e1vila Andrade\u201d, la pieza que decidiera el premio en su favor, era un tr\u00edptico de interpretaci\u00f3n visual&hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"pagelayer_contact_templates":[],"_pagelayer_content":"","footnotes":""},"categories":[6],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/245"}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=245"}],"version-history":[{"count":5,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/245\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":277,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/245\/revisions\/277"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=245"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=245"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=245"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}