{"id":243,"date":"2020-07-17T00:29:01","date_gmt":"2020-07-17T00:29:01","guid":{"rendered":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/?p=243"},"modified":"2020-07-17T00:29:06","modified_gmt":"2020-07-17T00:29:06","slug":"moscoso-el-paisajista-de-su-generacion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.hernanrodriguezcastelo.com\/?p=243","title":{"rendered":"Moscoso, el paisajista de su generaci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p>La pintura ecuatoriana de los treinta y cuarenta -la mayor parte de la cual se ha etiquetado como \u201cRealismo Social\u201d- estuvo centrada en el hombre. Al fin y al cabo era una obra de denuncia de la situaci\u00f3n social de los marginados de campos y suburbios; en especial, del mayor de los marginados de la patria, el indio. A esas v\u00edctimas de la injusticia se las convocaba a telas dram\u00e1ticas para obligar a verlas a una burgues\u00eda de insensible e hip\u00f3crita miop\u00eda, que era la que frecuentaba salones y consum\u00eda arte -un arte hecha para su consumo.<\/p>\n<p>En una pintura as\u00ed, el paisaje apareci\u00f3 de escenario de vida y pasi\u00f3n de esos seres lamentables o como su h\u00e1bitat, y hasta como un actor m\u00e1s de aquella condici\u00f3n humana miserable. La cueva en que se hacinan esos seres desvalidos de \u201cTormenta\u201d (1943) de Di\u00f3genes Paredes, mientras afuera se descuelga inmisericorde tempestad, o el paisaje terroso, de \u00e1spero lomer\u00edo, en que se han acostado en fraterno abrazo las dos mujeres indias de \u201cCangahua\u201d de Pedro Le\u00f3n (premio \u201cMariano Aguilera\u201d de 1941).<\/p>\n<p>Y en ocasiones, m\u00e1s bien raras, un paisaje de exasperado expresionismo busc\u00f3 en \u00e9l razones para las angustias sociales. Eso fueron los \u201cQuito\u201d, el horizontal y el vertical, de sombr\u00eda grandeza, de Jos\u00e9 Enrique Guerrero, o el paisaje coste\u00f1o de violenta distorsi\u00f3n de perspectiva y espacio de C\u00e9sar Andrade Faini.<\/p>\n<p>Pero hubo en la generaci\u00f3n un artista que se volc\u00f3 al paisaje. Al paisaje sin m\u00e1s. No era que se sintiese ajeno a la suerte de los habitantes de esta tierra que hab\u00edan requerido con tanta urgencia a sus compa\u00f1eros de irrupci\u00f3n generacional. Porque era uno de ellos y participaba de sus rabias sociales lo mismo que de su desenfadada bohemia y sus empresas culturales y art\u00edsticas.. Lo que con ese artista suced\u00eda era, pienso, que hab\u00eda calado, acaso obscuramente, en ese agujeo de sentido -ese \u201cwhole\u201d- que denunci\u00f3 Lacan, y hallado que sin una visi\u00f3n e interpretaci\u00f3n nueva del paisaje la nueva representaci\u00f3n del hombre ecuatoriano resultaba incompleta, falta de esa base sobre la que todo deb\u00eda edificarse.<\/p>\n<p>Deb\u00edase completar la nueva cosmovisi\u00f3n con un nuevo paisaje. As\u00ed como la representaci\u00f3n anterior de lo humano hab\u00eda sido acad\u00e9mica, neocl\u00e1sica, estetizante y acomodaticia -visualmente clara, amable, \u201cbonita\u201d, como para colgarla en la sala y hasta en el comedor-, el paisaje hab\u00eda sido rom\u00e1ntico, buc\u00f3lico, luminoso en los mejores casos, convencional y est\u00e9ticamente impactante, tambi\u00e9n en los mejores casos -y todo eso hasta en las producciones de mayor grandeza, como las largas profundidades de los horizontes de los valles de Luis A. Mart\u00ednez, las inmensidades de sus p\u00e1ramos y las austeras soledades de sus arenales y cumbres.<\/p>\n<p>Deb\u00eda hacerse el paisaje de la nueva sensibilidad; el paisaje de esa modernidad que la generaci\u00f3n hab\u00eda inaugurado con su versi\u00f3n social americana del expresionismo. Y esa es la empresa que en ese decisivo tramo de nuestra pintura del siglo XX emprende Luis Moscoso y que la presente retrospectiva del Centro Cultural \u201cBenjam\u00edn Carri\u00f3n\u201d quiere volver a la memoria cultural de sociedad tan olvidadiza como la ecuatoriana de los bulliciosos y fr\u00edvolos tiempos que vivimos -bueno, eso de \u201cvivimos\u201d es lugar com\u00fan cada vez m\u00e1s desprovisto de real sentido para humanos que d\u00eda a d\u00eda viven menos..<\/p>\n<p>Moscoso, que, nacido en 1915, era uno de los \u00faltimos en unirse a la gran empresa del grupo generacional decisivo, tras comienzos en que busc\u00f3 realizar esa modernidad, que sent\u00eda como la gran responsabilidad de los artistas que irrump\u00edan en el horizonte de las artes visuales de la patria, en el motivo humano, trat\u00e1ndolo en matrices geometrizantes postcubistas, con m\u00e1s sutileza que fuerza, se volc\u00f3 al paisaje. Sin perder la voluntad innovadora propia de la generaci\u00f3n irrumpente, iba a hacer el paisaje de la modernidad. Lo uno y lo otro nuestro. Nuestra tierra, nuestro aire, nuestros \u00e1rboles, nuestros campos y montes, nuestra casa campesina, nuestros pueblos serranos.<\/p>\n<p>El salto a la modernidad de la pintura occidental ha estado marcado por la nueva morfolog\u00eda. Que ha supuesto una des-estructuraci\u00f3n de las formas para su re-estructuraci\u00f3n. Esta fue, en esencia, la empresa del cubismo. Pero el cubismo la intelectualiz\u00f3 extremosamente, y dej\u00f3 fuera de sus radicalizados ejercicios la cosa, en su ser de cosa, y, como una cosa m\u00e1s, la cosa grande, el paisaje. El fundar la gran novedad morfol\u00f3gica, sin perder en el proceso la cosa, es decir, la naturaleza, lo hab\u00eda hecho ya un gran maestro, cuyo peso decisivo llegar\u00eda hasta ese joven artista quite\u00f1o que a mediados de la d\u00e9cada de los cuarenta hab\u00eda arremetido con la gran tarea de dar a la nueva pintura ecuatoriana su paisaje. Ese gran maestro fue C\u00e9zanne.<\/p>\n<p>El maestro de Aix-en-Provence quiso ir en su paisaje m\u00e1s adentro de lo apariencial: a la estructura subyacente. Y busc\u00f3 -en palabras de Kandinski- \u201creducir los objetos que pintaba a simples cosas pict\u00f3ricas\u201d. C\u00e9zanne reduce los elementos del paisaje a\u00a0 formas casi geom\u00e9tricas elementales. \u201cLa naturaleza -dijo- puede expresarse por el cubo, el cono y el cilindro. Quien sepa pintar esas simples formas puede pintar la naturaleza\u201d. Y \u00e9l las supo pintar con s\u00f3lida y rica plasticidad y con dibujo preciso, destacado todo por un empaste minucioso. Y esas formas las organiz\u00f3 con riguroso equilibrio y fina armon\u00eda.<\/p>\n<p>Pero tambi\u00e9n en el color C\u00e9zanne fue un maestro. Aspir\u00f3 a unir la claridad y vibraci\u00f3n de la paleta\u00a0 impresionista con esas s\u00f3lidas estructuras formales. El suyo fue un color de extremado refinamiento. Y ese color se convirti\u00f3 en recurso -nuevo y sabio- de profundidad. El maestro no consigue la profundidad de sus paisajes por perspectiva lineal sino por la alternancia crom\u00e1tica de c\u00e1lidos y fr\u00edos.<\/p>\n<p>Este somero an\u00e1lisis del aporte de C\u00e9zanne al arte del siglo XX -en sus albores: el artista muri\u00f3 en 1906- nos deja en posesi\u00f3n de las grandes claves para apreciar y entender el paisaje de Moscoso, en sus dos grandes cap\u00edtulos de po\u00e9tica y ret\u00f3rica: las formas y el color.<\/p>\n<p>En las formas se dio en esta direcci\u00f3n hacia lo esencial una sostenida evoluci\u00f3n. En la monograf\u00eda que escrib\u00ed para la revista <em>Diners <\/em>-en 1991- lo destaqu\u00e9. \u201cLa evoluci\u00f3n de las formas se da en una direcci\u00f3n de simplificaci\u00f3n y s\u00f3lidos equilibrios constructivos dentro del espacio. Un desnudamiento progresivo de lo accesorio contribuye al efecto de solidez. Y la geometr\u00eda\u00a0 presta rigor a la composici\u00f3nm de los bloques que color y luz -una luz difusa- destacan en su volumen. Formas elementales y composici\u00f3n austera se han aprovechado, de modo muy personal, de lecciones de C\u00e9zanne\u201d.<\/p>\n<p>Pero fue m\u00e1s importante, y m\u00e1s apasionante, para el artista quite\u00f1o la b\u00fasqueda y hallazgos -sucesivos, inagotables, de severa belleza- de la crom\u00e1tica para ese paisaje. \u201cAventura en color\u201d titul\u00e9 la nota que escrib\u00ed para su muestra de la galer\u00eda \u201cAltamira\u201d, de mayo de 1972. Y hac\u00eda all\u00ed arrancar esa historia de finales de la d\u00e9cada de los treinta. En <em>La pintura ecuatoriana del siglo XX <\/em>-peque\u00f1o libro publicado en 1942- Llerena distingu\u00eda en la pintura de Moscoso una \u00e9poca fr\u00eda y sin luminosidad, de otra de colores c\u00e1lidos y m\u00e1s luminosa. Sondeaba sin duda el joven artista -apenas egresado de la Escuela de Bellas Artes- \u00a0l\u00edmites y posibilidades del color. Y maduraba una crom\u00e1tica nueva, personal y sabia, que donde se realizar\u00eda con la mayor riqueza y la mayor sutileza ser\u00eda en el paisaje.<\/p>\n<p>El tramo 1957 a 1962 nos lo presenta ya en posesi\u00f3n de ese fino instrumento pl\u00e1stico. Seguro, presenta su obra en el m\u00e1s simportante Sal\u00f3n nacional y su crom\u00e1tica seduce a jurado y p\u00fablicos: \u201cAcuario\u201d, gran premio municipal \u201cMariano Aguilera\u201d, 1957; \u201cNiebla\u201d, premio adquisici\u00f3n \u201cMariano Aguilera\u201d, 1961, y \u201cPreludio y fuga\u201d, primer premio \u201cMariano Aguilera\u201d, 1962. \u201cNiebla\u201d y \u201cPreludio y fuga\u201d -que podr\u00e1n verse en la antol\u00f3gica y su cat\u00e1logo libro- eran espl\u00e9ndidos ejercicios crom\u00e1ticos sobre una matriz paisaj\u00edstica. La acuarela \u201cNiebla\u201d -que fue una de las obras mayores de la \u201cPeque\u00f1a antolog\u00eda de la moderna acuarela ecuatoriana\u201d que present\u00f3 el Centro Cultural \u201cBenjam\u00edn Carri\u00f3n\u201d en\u00a0 2001- se aprovechaba de un paisaje elemental -una monta\u00f1a, arriba, y un pinar, abajo, m\u00e1s cielo y nieblas- para hermos\u00edsimo juego de azules agrisados que se difuminaban hacia blancos te\u00f1idos de rosados y violetas, m\u00e1s recatados y sutil\u00edsimos verdes. El paisaje estaba all\u00ed, e impresionaba con su ser de paisaje, austero, casi triste; pero la plenitud de la obra era est\u00e9tica: sabio manejo del color y especial dominio de la t\u00e9cnica de la acuarela. Y \u201cPreludio y fuga\u201d, sobre un esquema compositivo arb\u00f3reo, muy libre, se extremaba en variaciones crom\u00e1ticas de valor y tono, desde toques de bermell\u00f3n -breves, nerviosos- hasta un estallido blanco, pasando por una \u201cfuga\u201d de tierras y ocres cada vez m\u00e1s claros. Todo ello en juego de rico movimiento y ondulado ritmo. Fue alarde de musicalizaci\u00f3n de lo visual, y a ello aludi\u00f3 el t\u00edtulo.<\/p>\n<p>A partir de entonces el avance se da en sostenido juego de equilibrios, mutuos enriquecimientos y tensiones entre las formas y el color.<\/p>\n<p>Para 1972, en esa que califiqu\u00e9 de \u201cAventura en color\u201d, el artista luc\u00eda en sus gouaches, sin el menor alarde o estridencia, admirable riqueza crom\u00e1tica, en los m\u00e1s variados juegos. Color dominante, colores contrastados, colores degradados; contrapuntos y fugas. Grises que guardaban en sus entra\u00f1as c\u00e1lidos que les confer\u00edan extra\u00f1ezas. Era un oficio l\u00facido, concienzudo, meticuloso que convert\u00eda a Moscoso en el m\u00e1s sugestivo colorista de la pl\u00e1stica ecuatoriana de esos a\u00f1os. Y a esa maestr\u00eda en el manejo del color se sumaba el trabajo de la materia. Recuerdo gouaches a los que con l\u00e1tex se hab\u00eda dado calidades transparentes y especialmente luminosas.<\/p>\n<p>Artista que tan de tarde en tarde mostraba su obra, vuelve a exhibirla -en la misma galer\u00eda \u201cAltamira\u201d- a solo dos a\u00f1os, en 1975. Y es que, pienso, quer\u00eda mostrar la suma y s\u00edntesis de esos dos \u00e1mbitos decisivos de construcci\u00f3n y color a que hab\u00eda arribado. Hab\u00eda colgado en las paredes de la galer\u00eda obras constructivistas en que el color era elemento estructural y obras en que la construcci\u00f3n se hab\u00eda rendido al juego crom\u00e1tico y quedaba solo como primer principio de organizaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En la primera direcci\u00f3n hab\u00eda monta\u00f1as que eran puras formas; recias reducciones geometrizantes del motivo. Y lo eran tambi\u00e9n peque\u00f1os caser\u00edos o diminutas iglesias alojadas en el seno de ese paisaje austero.<\/p>\n<p>En la otra direcci\u00f3n se avanzaba hasta obras que parec\u00edan trascender de la esfera de lo visual a la de la m\u00fasica. Hab\u00eda esa musicalizaci\u00f3n sutil y exacta del color, que era l\u00facido empe\u00f1o del artista, que ven\u00eda de muy atr\u00e1s: hemos visto que como \u201cPreludio y fuga\u201d hab\u00eda anunciado la tela que le vali\u00f3 el premio municipal en 1962, en expl\u00edcita alusi\u00f3n a ese tratamiento como musical de los motivos. En la muestra del 75, en obra que destaqu\u00e9 en alg\u00fan art\u00edculo como especialmente bella, se asist\u00eda a la vibraci\u00f3n de toques sutiles de naranjas, cada uno de diferente intensidad, sobre un entramado de verdes fin\u00edsimos, todo tratado con rigor casi geom\u00e9trico en juego de peque\u00f1os planos verticales y horizontales. Alguna pieza de la presente retrospectiva, si no es la misma, la recuerda: \u201cAbstracto\u201d. En alguna otra obra esos juegos eran m\u00e1s variados: la desarmon\u00eda como elemento de la musicaliuzaci\u00f3n crom\u00e1tica de arm\u00f3nicos dominantes. Hubo obras en que la musicalizaci\u00f3n del motivo se confiaba al ritmo: ritmos vigorosos de c\u00e1lidos. Y \u201cAbstracto en azul\u201d, tambi\u00e9n en la retrospectiva, lograba con los azules atmosf\u00e9ricos y los ocres azulosos de los \u00e1rboles desnudos, en contrapunto con la claridad amarilla de un sol invernal, un tratamiento musical del color por contrapunto y fugas. (Eso de \u201cabstracto\u201d, m\u00e1s que definici\u00f3n estil\u00edstica, era un modo de orientar la atenci\u00f3n del espectador hacia una musicalizaci\u00f3n crom\u00e1tica que se impon\u00eda a figura y forma). Y en esta voluntad empecinada de tentar lo musical con la materialidad de la materia crom\u00e1tica se lleg\u00f3 a cuatro obras que eran una respuesta visual a las cuatro estaciones de Vivaldi: la solidez brillante del verano, la nostalgia serena del oto\u00f1o, los deshacimientos y nacimientos de la primavera y las azules frialdades del invierno.<\/p>\n<p>En otras obras, espl\u00e9ndidas, se asist\u00eda a la tensi\u00f3n y s\u00edntesis de lo compositivo y lo crom\u00e1tico. Una -tambi\u00e9n se la podr\u00e1 ver en esta retrospectiva- era canto a las cosechas serranas. Suerte de \u201cvariaciones\u201d de ocres y amarillos, con el ocre como dominante -en el sentido visual y en el musical-, para s\u00f3lida composici\u00f3n entre r\u00edtmica y geometrizante, que con m\u00f3rbidas curvas organizaba la estructura de colinas, lomas y parvas.<\/p>\n<p>Y \u201cVolc\u00e1n\u201d -que pertenece a la Casa de la Cultura, pero tambi\u00e9n est\u00e1 en la retrospectiva- hab\u00eda reducido el cono del monte a recias formas geom\u00e9tricas -puras formas\u00a0 en ocres con leves c\u00e1lidos fuertemente delineadas por caf\u00e9s- y la boca del cr\u00e1ter era bramido de fulgurantes bermellones en tenso contraste con cenizosos negros y bullentes blancos. Todo contra sombr\u00edo y riqu\u00edsimo cielos de grises. La musicalizaci\u00f3n tambi\u00e9n pod\u00eda ser tremenda.<\/p>\n<p>Esa fue la \u00faltima exposici\u00f3n de Luis Moscoso. A partir de entonces imposible situar cronol\u00f3gicamente obras en la trayectoria del artista. Y acaso menos necesario. Como que el camino hab\u00eda culminado largas jornadas de p\u00e1ramo y se hab\u00eda abierto a luminosos y extra\u00f1os horizontes de paisaje. Lo all\u00ed cobrado puede verse en obras de esta retrospectiva, una buena muestra antol\u00f3gica de la sostenida producci\u00f3n del artista. Pasan apenas del medio centenar, pero, trat\u00e1ndose de artista tan riguroso y exigente con lo suyo, que pint\u00f3 m\u00e1s bien parcamente, podemos darlas por representativas. Resquicios hacia un paisaje patrio que \u00e9l penetr\u00f3 como nadie, en su puro ser de paisaje; es decir en esa palabra que el esp\u00edritu contemplativo escucha frente a la naturaleza, que eso es, en lo m\u00e1s profundo, el paisaje.<\/p>\n<p>La musicalizaci\u00f3n del motivo cobr\u00f3 solemnidad en las visiones de cumbres andinas entre lagos de nieblas; se hizo silencio en la insinuante belleza de \u201cPastaza\u201d; se torn\u00f3 desolaci\u00f3n en los grises azulados de \u201cArbol\u201d o \u201cNaturaleza\u201d ; contrast\u00f3 la amable calidez de la casa campesina con la severidad austeridad del monte en alg\u00fan \u201cPaisaje\u201d; hizo de dos min\u00fasculos caballos en ocres aguda nota contra los verdes de prado y azules severos de una inmensa monta\u00f1a en otro \u201cPaisaje\u201d, y arrib\u00f3 a remansos l\u00edricos en sus visiones de nuestras lagunas -\u201cCr\u00e1ter\u201d o \u201cPapallacta\u201d&#8230;<\/p>\n<pre>\r\n\r\n\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>Pupila dulce y triste de los p\u00e1ramos<\/em>\r\n\r\n<em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 ingenuidad dormida<\/em>\r\n\r\n<em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 en las rodillas duras de los montes<\/em>\r\n\r\n<em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 como una pobre ni\u00f1a.<\/em>\r\n\r\n<em>\u00a0<\/em>\r\n\r\n<em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pureza custodiada<\/em>\r\n\r\n<em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0en ignotas y austeras lejan\u00edas,<\/em>\r\n\r\n<em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 con murallas de vientos y de altura,<\/em>\r\n\r\n<em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 bajo la sola inmensidad tranquila.<\/em>\r\n\r\n<em>\u00a0<\/em>\r\n\r\n<em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Agua para mirarla un breve instante<\/em>\r\n\r\n<em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 con agua de pudor en las pupilas.<\/em><\/pre>\n<p><em>\u00a0<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/em>As\u00ed vio y sinti\u00f3 Carlos Su\u00e1rez Veintimilla la laguna de Cubilche. Me vino\u00a0 la memoria ante esas silenciosas, solitarias y un tanto tristes, bell\u00edsimas lagunas de Moscoso.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Parec\u00eda imperioso tributar un homenaje al gran artista en sus noventa a\u00f1os y casi setenta de trayectoria pict\u00f3rica, de tan l\u00facido avance hacia algo tan nuestro, tan entra\u00f1able y rico de resonancias como nuestro paisaje. Peque\u00f1o homenaje ante obra, aunque meticulosa y parca, vasta; pero significativo. Para el p\u00fablico oportunidad de acercarse a momentos de especial plenitud de esa empresa creativa, que cuenta entre lo grande que hizo nuestra pintura en el siglo XX.<\/p>\n<p>Alangas\u00ed, en el Valle de los Chillos, agosto de 2006<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La pintura ecuatoriana de los treinta y cuarenta -la mayor parte de la cual se ha etiquetado como \u201cRealismo Social\u201d- estuvo centrada en el hombre. 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