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Introducción
a la
crítica
de arte
Palabra preliminar para periodistas
(y para todos)
El
arte interesa cada vez más en nuestra sociedad.
Numerosos
hechos lo testimonian: salones, una bienal internacional, concursos, galerías
de arte, altos precios, pintores nacionales que ganan premios
internacionales, artistas nuestros que cobran prestigio latinoamericano...
El
arte es noticia.
Pero
es noticia muy especial: al darla no basta con enunciar los hechos escuetos.
Esta noticia exige, por su naturaleza misma, ser noticia en
profundidad, noticia interpretada.
Y
esa profundidad, esa interpretación requieren que el periodista entienda y
valore la obra de arte que está en el centro de esa noticia.
Por
ejemplo, para poder informar acerca de la obra de arte que ganó el premio
en tal o cual bienal o salón nacional -y de la que a veces tanto se
discute- el periodista debe tener ideas claras acerca de lo que significa y
vale.
Por
supuesto, si lo que hace el periodista es presentar una exposición, mayor
necesidad de que tenga ideas claras y apreciación justa acerca de lo que
está presentando. Y el que la
presentación se haga por la pantalla de televisión -donde se ven las
obras-, no solo exime al comentarista de la obligación de saber lo que está
presentando, sino que la torna más urgente: nunca como en este caso se
pueden comprobar las deficiencias y limitaciones del periodista.
El periodista que no sabe ver
la obra de arte, o se expone a equivocarse -y a veces garrafalmente- o debe
encerrarse en sospechoso mutismo, en lamentable mutismo.
Adquirir
rudimentos de apreciación artística es, pues, importante, a menudo
indispensable, para el periodista.
Palabras preliminares para todos
(y para periodistas)
Saber
ver la obra de arte forma parte del equipamiento elemental de toda persona
culta.
Uno
de los más rigurosos indicadores de cultura lo mismo de instituciones que
de moradas particulares son las pinturas que cuelgan de sus paredes y, en
los mejores casos, las esculturas que confieren distinción a ciertos
ambientes. Colocar en sitios
tan destacados adefesios o vulgaridades basta para juzgar del nivel cultural
de los dueños de casa.
Y
es asimismo indicador de cultura saber apreciar las obras de arte -en
general las más valiosas, que a veces son para el hombre común difíciles-,
distinguiéndolas de mediocres o productos baratos de consumo masivo.
Acaso
no sea en nuestra sociedad lo más corriente quedar frente a obras de arte,
pero, a más de que bancos y otras entidades prestigian sus paredes con
buena pintura, en muchas circunstancias y momentos especiales ello ocurre:
hay que asistir a la inauguración de un Salón o de una exposición,
debemos ver la obra que un amigo ha adquirido, la conversación de temas de
arte y artistas. Y entonces
competencia y seguridad para apreciar la obra de arte resultan algo
invalorable: presentan al buen conocedor de arte como persona superior.
Y,
más allá de esa afirmación de cultura superior ante personas y medios,
cuenta la propia satisfacción del disfrute de la obra de arte.
A quien la sabe ver -es decir, la entiende, la valora- el arte lo
enriquece admirablemente al tiempo que le hace sentir formas de plenitud de
lo humano.
Para
quien no sabe verla, la obra de arte es como si no existiese. Esta ceguedad e insensibilidad son de las más penosas para
un humano: lo dejan fuera de la más fastuosa fiesta de la humanidad.
1
1.1
Crítica de arte
Todo
espectador que sabe ver una obra
de arte es un crítico de arte.
La
crítica de arte comienza por ver
la obra de arte.
Pero
el ver la obra de arte que funda la crítica de arte es un ver problemático.
Es
decir, un ver que se hace preguntas.
Por
este hacerse preguntas comienza la diferencia entre quien mira la obra de
arte sin verla y quien la ve realmente y la ve profundamente y va avanzando
hasta verla de un modo más o menos completo y sistemático.
Las
preguntas que el espectador crítico
se hace frente a la obra de arte son, básicamente, cuatro, generalmente en
este orden:
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1
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¿Qué
muestra esta obra de arte?
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¿Qué
se ve en esta obra de arte?
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¿Qué
cosas hay aquí?
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2
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Todo
esto, ¿cómo está organizado?
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¿Cómo
funciona esta obra?
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¿Cómo
está realizada?
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3
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¿Qué
significa esta obra de arte
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¿Qué
ideas comunica?
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¿Qué
sentimientos despierta?
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¿Cuál
es la expresividad de esta obra?
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4
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¿Cuánto
vale?
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Cada
una de estas cuatro grandes cuestiones comprende un campo específico de
trabajo con la obra de arte y funda una operación particular.
La sucesión de esas cuatro operaciones completa una estrategia de
aproximación crítica a la obra de arte.
Esas
cuatro operaciones -que veremos en su propio lugar- son:
Descripción
Análisis
Interpretación
Valoración
1.2
Historia del arte
La
obra de arte no surge de la nada y en un espacio vacío.
La inteligencia de la obra de arte no puede ser completa mientras no
se conozca quién la hizo, cuándo la hizo, dónde la hizo y por qué la
hizo así.
Responder
a estas preguntas ubica en sus coordenadas espaciales y temporales la obra
de arte y asegura su más exacta apreciación integral.
Situado
un espectador ante un cuadro, saber que su autor fue Renoir, que lo pintó
en 1876 y que está en la línea de pintura que se llama
“impresionismo”, puede ponerlo en el camino más certero para llegar a
una apreciación justa de sus características y calidades.
Las
respuestas a las preguntas quién hizo la obra, cuándo, dónde y por qué
la hizo las da la historia del arte. Con
ello la historia del arte asegura decisiones correctas a la apreciación crítica.
Trátase de dos caminos hacia la apreciación e inteligencia de la
obra de arte.
La
diferencia entre esos dos caminos hacia la obra de arte está, fundamentalmente, en esto:
la
crítica de arte extrae su información de dentro de la obra de arte;
la
historia del arte ofrece información de fuera de la obra de arte.
A
la historia del arte el crítico de arte pide ayuda para establecer los contextos
de la obra de arte.
Estos
son los tres aspectos contextuales que más le pueden servir al crítico de
arte para su trabajo con la obra de arte:
?
contexto mediato: contexto social.
La sociedad en que el pintor vive y pinta;
?
contexto inmediato: rasgos de estilo propios de la época;
?
relación de esos contextos con la obra de arte: cómo influenció
todo aquello -sociedad, estilo vigente- en el pintor.
Es decir, en qué medida se sometió a las exigencias y vigencias de
la sociedad de su tiempo y en qué medida fue innovador o auténticamente
creador.
De
este establecimiento de los contextos y su relación con el artista y la
obra se concluirá algo de enorme importancia para la valoración del
artista y la obra: el peso que tiene en ese tiempo y sociedad; es decir, su
lugar en la historia del arte universal o, al menos, regional o local.
1.3.
Formación de la capacidad crítica
La
capacidad crítica es algo que se debe ir formando.
A más de una introducción sistemática y formal -como esta-, sirven para ello actividades e inquietudes
como éstas:
Detenerse en obras especialmente problemáticas o sugestivas;
Discutirlas con personas conocedoras;
Buscar información sobre ellas: sobre el artista, sobre el estilo
vigente en su tiempo, sobre la evolución estilística del artista, y cosas
así;
Enriquecer y perfeccionar el vocabulario del arte.
Un vocabulario rico y exacto ayuda a ver la obra de arte.
Cuanto mejor se ve la obra de arte, más se necesita enriquecer y
afinar el vocabulario.
(Este
último es asunto que compete especialmente al comunicador, cuyo oficio se
cumple a través de la palabra).
Informes
sobre el resto del documento sigridrodriguezc@yahoo.com
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