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Tarjetas amarillas por lenguaje
Allá en la segunda mitad de la década de los setenta y en la del ochenta
Hernán Rodríguez Castelo mantenía en el diario “El Tiempo” la columna
“Idioma y estilo” y en ella abrió lo que se llamó LA CÁRCEL DE PAPEL.
Ahora, en este medio acorde con los nuevos tiempos, esta página web
inaugura algo parecido. Bueno, no es una cárcel, porque parece que ahora
no se encarcela a nadie y las gentes empiezan por todos lados a tomarse
la justicia por sus manos. Y, como el mundial de fútbol, medios de
comunicación del planeta mediante, a todos (aun a los que desde hace
muchos años disfrutamos del fútbol-fútbol sin hacer caso de fanfarrias
mediáticas) nos ha futbolizado, mejor se va a recurrir a las tarjetas:
amarilla: advertencia; dos amarillas o roja directa: expulsión del campo
de juego.
Y hay quien se ha hecho merecedor a la primera tarjeta amarilla del
partido.
Tarjeta amarilla para un periodista
de “El Universo”
Interesantísima la edición del diario “El Universo” de 16 de julio. En
especial el magnífico artículo de Jorge Alvear Macías que pone en la
picota el español de quienes urdieron esa Ley Mordaza –a tono con el
estilo dominante en ese enorme, aberrante y tramposo (y trampeado)
mamotreto que, al decir de un editorialista de “El Comercio”, algún
humorista llamó “Constitución”-, y el editorial “Ley mordaza”,
reproducido de “El País” de Montevideo, que es el que con más rigor ha
denunciado las trampas contra la libertad de expresión que encierra esa
desdichada ley.
No menos interesante la cobertura que ese diario ha dado a la visita e
informe del relator de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales y otras
anomalías de nuestra aplicación de justicia, Philip Aiston, entrevista
incluida.
Y en la entrevista está el caso por el que sacamos tarjeta amarilla:
Este el lugar sancionado:
Existen distintas situaciones, están las pandillas, están los usureros,
están las vendetas entre distintos grupos de delincuentes; lo que pasa
es que si ellos saben que las posibilidades de que los agarren son muy
bajas, es como si dijera bueno porqué no lo vamos a hacer…
Y allí está el gazapo: mal ese “porqué”
Lo correcto: “por qué”
Que no se trató de un mero
“lapsus” lo prueba que el mismo mal uso se repite párrafos adelante:
Hay
todo un número de casos que la Comisión de la Verdad no tomó y no
incluyó dentro de sus informes, entre esos el famoso caso de la Custodia
y yo no sé porqué no lo hicieron…
Mal ese “porqué”. Debió ser “por qué”.
LOS CASOS DE PORQUE, PORQUÉ, POR QUÉ Y POR QUE –
En español manejamos cuatro casos muy diferentes y bien diferenciados de
esta combinación entre un “por” y un “que”:
1: porque: conjunción causal:
“suspendo la sesión porque estamos cansados”.
2: porqué: sustantivo. (Por eso se usa con artículo y también en
plural):
“no entiendo el porqué de ese voto a favor de la ley”
“no alcanzaba a comprender los porqués de tanta arbitrariedad”
3: por qué: preposición “por” y “qué” pronombre o adjetivo interrogativo
o admirativo. Se usa para preguntar (que era el caso del periodista
amonestado):
“Te pregunto: ¿Por qué lo ha hecho?”
“Yo no sé por qué no lo hicieron”
4: por que: preposición “por” y “que”, conjunción subordinante que
introduce una oración:
“Llegan incluso ansiosos por
que nos lo creamos”
(Ejemplo tomado del diario
madrileño “El País”, que trae el Diccionario panhispánico de dudas,
editado hace poco por la Real Academia Española)
Y hasta la próxima tarjeta amarilla. Confiamos en que no
habrá que sacar roja al periodista amonestado.
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