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| A la derecha, el Dr. Eduardo
Mora Anda, el día de su ingreso en la Academia, en el Centro Cultural
Benjamín Carrión. |
A la derecha, el Dr. Plutarco
Naranjo, Académico de la Lengua. |
Poeta y ensayista en la Academia
discurso de bienvenida a la
Academia a Eduardo Mora-Anda
por Hernán Rodríguez Castelo
Invité a dos nietos pequeños a este
solemne acto académico con la promesade contarles un cueto de hadas.
Bueno, al menos de ogro y hechiceros.Pues bien...
Érase una vez un pueblo
y un rey. Su majestad tenía a su servicio a un hechicero. O dos. O uno
con dos cabezas... que dominaba la magia negra de hacer que las cosas
malas pareciesen buenas. Y con esas artes, que se llamaban propaganda,
Avarido, que así se llamaba el hechicero, o los dos, o el uno con dos
cabezas, tenía engañados a casi todos los de ese reino.
Y sucedió que un día su
majestad, en un arrebato de cólera, convirtió a todos los embajadores
del reino en momias cocteleras...
Pero, como mis nietos
no llegaron, quédese elresto del cuento para otro día.
El caso aquí y ahora es
que estas puertas solemnes y tardas de la Academia Ecuatoriana de la
Lengua están abriéndose para momias coctelereas.
Y, por más que haya
hecho el hechicero del reino, la que hace no mucho franqueó este noble
dintel, y la que ahora lo hace, son embajadoresilustres, que honran a
este pueblo del que salieron y al que sirven.
Hace poco elflamante
académico embajador Francisco Proaño Arandy dio a América y al mundo
alta muestra de que el servicio exterior ecuatoriano era responsable,
conocedor de la ley, altivo y libre de miedo a su majestad y sus áulicos
y hechiceros. Y lo ha vuelto a hacer hace muy poco: por más que los
hechiceros hayan tratado de convertir una algarada en golpe de Estado,
el embajador Proaño ha reprochado a un insulso fucionario de la OEA
haber sucumbido sin resistencia a esa transmutación mágica de motín en
golpe.
Y esta tarde damos la
bienvenida a esta centenaria corporación al embajador Eduardo
Mora-Anda.
Eduardo Mora es un
brillante diplomático.Lo vi con claridad muy tempranamente
Había muerto Benjamín
Carrión y yo le había escrito un libro: Benjamín Carrión, el hombre y
el escritor, y pensé que era buena idea presentarlo en Lima, donde
su intelectualidad tanto lo había estimado.
Eduardo Mora,que era
secretario de la embajada, captó la idea con su inteligencia alerta y
ese fondo de lojanidad que le venía de su padre, ese gran lojano, autor
de Humo en la erasy poeta y prosista, que fue Eduardo Mora
Moreno. (Del que diría en sus Salmos del mar "Mi padre, árbol
señero / dominando el valle tierno"). Y en la residencia del joven
secretario se hizo la presentación.
Esa noche estaba allí
la creme de la creme de la aristocracia (o peluconeria)
intelectual de la culta ciudad. Conversaba yo con el gran historiador
Estuardo Núñez y con el mayor filosofo contemporáneo del Perú, mi
querido amigo Paco Miró Quesada, los tres como todos muy formales de
terno y corbata, como correspondía a tan pelucona reunión. De pronto
Núñez se vuelve a un personaje más bajito, que avanzaba por entre el
abigarrado concurso, con raro atuendo de terno de etiqueta y corbata de
lazo,y le dice: "Mozo, tráigame otro guisqui". Y Eduardo Mora, que se
movía por un lado y por otro cuidando de todo (que en eso consiste el
arte coctelero), le dice a don Estuardo: "Es el señor embajador". Y el
embajador, que era (y es) un gran diplomático, se sonríe y explica:
"Estoy vestido así porque de aquí debo ir a una cena en la embajada del
Japón".
Hay algo especialmente
notable en la diminuta historia:los intelectuales limeños conocían a
Eduardo Mora; al menos no todos, al embajador.
A la vuelta de los años
me llega desde el Brasil, donde Eduardo Mora es actualmente embajador,
un librito que confirma su condición de embajador que cree en la cultura
y honra con acciones ese convencimiento.
Una entrega de la
"Biblioteca do cidadao", en su "Série História dos Paises". La
Pequena história da República do Equador.Desde la imagen física de
esta pequeñapatria, pasando por su historia antigua, colonial y
republicana hasta el apartado "Populismo instável: o tempo
desperdiçado".Por lo que veremos luego, Mora era el escritor ideal para
una síntesis así. Y, si es suyo el portugués, se mueve con expedición en
la lengua a la que dotó de ricas armonías Camoes y enriqueció
increíblemente el autor de esa obra cumbre de la novela hispanoamericana
que es Gran sertón veredas.Todas nuestras embajadas deberían
tener obras así para responder a curiosidades e inquietudes.
Llega, pues, a la
Academia un gran embajador. Pero no se le abren las puertas por
embajador. Hasta me atrevería a decir que a pesarde ser embajador. ¿Y
esto por qué? Porque los embajadores, al igual que los militares, son
trashumantes por oficio. Y la Academia necesita tener miembrospresentes
para sus deliberaciones y tareas. ¡Cómo lo admiré cuando asistí a
sesiones de la Real Academia Española! En esa sesión como en todas, casi
todos sus miembros -es decir, los mayores lingüistas y escritores de
España-, puntuales y animosos para la tarea de limpiar, fijar y dar
esplendor a la lengua de Cervantes y Quevedo, Góngora y Calderón.
Eduardo Mora-Anda no es
acogido en la Academia Ecuatoria de la Lengua por embajador, sino por
escritor y por su manejo pulcro de la escritura española en verso y
prosa.
¿Debería decir por
poeta?
Llevo cerca de medio
siglo haciendo crítica de libros de lírica y cada vez me siento más
inseguro ante uno de ellos y ante un nuevo poema. Y la raíz y substancia
de mi inseguridad pueden resumirse en esta pregunta: ¿Qué es poesía?
Pienso que en el texto
lírico se cumple a plenitud aquello que acuñó en decisivo sintagma Clive
Bell en 1914, en su libro Art:arte literario es "signifiant
form". Sí: "forma significante" es buena definición de la condición
esencial de la obra de arte literario. Pero, en lírica, ¿qué forma? Y
¿qué relación entre forma y significante? Y, sobre todo, ¿cuando esa
relación es poesía?
Y, ¿qué es poesía?
Decía ese barroco
genial, autor de unas de las novelas realmente grandes de América en el
siglo XX, Paradiso: "El máspoderoso recurso que el hombre tiene
ha ido perdiendo significación profunda de conocimiento, de magia, para
convertirse en una grosería de lo inmediato" (En Oppiano Licario,
p. 194).Y la tarea del escritor debía ser "ennoblecer de nuevo la
poesía".
Pero, ¿qué es poesía?
Heidegger buscó "el ser
esencial de la poesía".Lo hizo en seguimiento de Hölderlin. El joven
romántico alemán había dicho que al hombre se le había dado "el poder
superior de mandar y llevar a cabo lo semejante a los dioses, y para eso
se le ha dado el más peligroso de los bienes,el lenguaje, para que
creando, destruyendo y sucumbiendo y regresando a la Maestra y Madre que
vive eternamente, atestigüe lo que es: haber heredado, haber aprendido
de ella, lo más divino suyo, el amor que todo lo sustenta" (IV, 246). Y
en la frase conclusiva del poema "Recuerdo" había proclamado: "Pero lo
que permanece lo fundan los poetas". Y el filósofo ve allí la clave y
comenta: "Con esta frase se ilumina nuestra pregunta... poesía es
fundación por la palabra y en la palabra" (61)."Poesía es aunténtica
fundación del ser".
Entonces, resulta de
una audacia pretenciosa saludar en un ser humano al poeta, y más en el
caso de escritores que apenas han iniciado el riesgoso camino y no se
han internado aún por esas tempestades luminosas que a Hölderlin
acabaron por sumirlo en las obscuridades de la locura.
Eduardo Mora es
pensador -filósofo es otra palabra que yo casi nunca me atrevo a usar- y
cuando emprende la alta y riesgosa tarea lírica ha atisbado los lejanos
horizontes y profundos abismos que se abrirán ante sus pasos a menudo
vacilantes.
Me lo imagino así de
lúcido -la lucidez será uno de los rasgos de esta personalidad y su
escritura- cuando se pone en camino con Palabras personales, en
una primera madurez de sus 41 años.
Sus versos fueron
ejercicios de musicalidad y de versificación variada y fácil y, a sus
tiempos, de recuperación de palabras y construcciones sacadas de viejos
cofres de la lengua: "Los vientos rállanme el alma" (31).En los
contenidos sentíase una irresistible tendencia a lo religioso:
Los cipreses oran. Reina
claridad.
Por las mil agujas delpinar,
benditas
las almas se escapan a la
eternidad ("Paisaje", 17)
Religiosidad que con
facilidad daba en exaltación, tanto que habría quienes hablarían de
"mística": otra palabra que miro con profundorecelo.
Pero había también
sensualidad humana:la bailarina que enseñaba las piernas, los amores
terrenales, sus preferencias a veces harto cotidianas, emociones que
hasta lo llevaban a forzar la armonía rítmica y diluir los poderes de
fórmula poética, y casi dar en esa inmediatez que reprochaba Lezama
Lima.
Madura nuestro autor y
a los ocho años de la primera aventura salta a la escena lírica
ecuatoriana empuñando el haz de sus Salmos del mar. Y, honorable,
presenta de entrada, en la primera estrofa del primer poema, su
condición al asumir la empresa y su poetica:
Filósofo empecinado y emperador
sereno
de unas cuantas hectáreas de
verdor y de sueños,
vengo con mis afectos y mis
místicos versos
a oficiar la alta misa del
silencio y el fuego ("Invocación", 13)
¡Cuánto había que leer
allí! Filósofo y emperador, pero solo de "unas cuantas hectáreas de
verdor y de sueños", y en cuanto a lo que entrega, versos; no poesía. En
cuanto a eso de místicos, ya alguien había dicho deljoven lirida: "tiene
un sitio singular en la poesía mística hispanoamericana", y parece que
él lo había tomado en serio. Seguramente uno y otro sabían qué era
mística y qué una poesía mística.
En esta misma aula me
cupo oficiar de padrino en el bautizo del libro. Y pienso que cuanto
dije entonces sigue vivo y válido. Algo,como es natural, muy poco, he de
repetir ahora, cuando se abren estas puertas académicas y esos Salmos
fueron una de las llaves maestras para abrirlas.
"Estos Salmos ,
de religiosidad nutrida de naturaleza, se anuncian por una "Invocación",
que, al modo de las antífonas eclesiales, da tono y espíritu a los
cantos que seguirán. Son dos cuartetas de alejandrinos con la
debidacesura al medio y rima muy libremente asonantada, a lo cual deben
su clima calmo y solemne y ritmo casi letánico".
"Ese aliento se alza
pronto a clímax de exaltación. El salmo 5 canta el advenimiento del día,
símbolo de claridad y claror que eleva el alma.Luz y sol, la
transparencia.La "Parusía"... Pero esta es una parusía laica, cósmica.
En la línea de la epifanía científica de Theilard de Chardin. Y del alto
y hondo canto de Jorge Carrera Andrade en Las armas de la luz("me
entrego al sitiador esplendoroso... En idioma de luz que me penetra"). Y
de Juan Ramón Jiménez en los intensos y abisales versos de Animal de
fondo (donde apareció en la lírica contemporánea en español esa
"transparencia" que pide nuestro poeta al final del salmo 5. "Dame,
Señor, al fin la transpareccia" pidió el joven lírico ecuatoriano; "la
transparencia, Dios, la transparencia" tituló Juan Ramón el primer poema
de su Animal de fondo").
Era difícil -anoté
entonces- seguir con notas tan altas; en tan cegadora luminosidad,
añadiría ahora. Persistir en el profetismo poético puede ser riesgoso.
Pero se buscó profundizar en el mensaje. Y se dio un giro hacia lo
erótico. Y más tarde a graves perplejidades existenciales. Pero no fue
laborioso proceso de búsquedas intelectuales -para eso nuestro autor
escribiría en prosa- sino saltos al vacío. Y en suma, "al término de ese
caminar de funámbulo por la cuerda floja de sus iluminados sentidos,
junto a tanto mensaje que el lenguaje funcional es impotente para decir
y queda reservado a los poderes de la fórmula poética, más acá de cuanto
ha sido iluminación intransferible, nos queda una lección tan simple
como decisiva: se nos ha animado a la búsqueda de sabidurías para vivir
una existencia autética, por encima de muros, tonterías, farsas,
turbiedades".
Y en esta búsqueda se
había empeñado ya Eduardo Mora en el primero sus dos libros mayores de
prosa: Viaje esencial-que es de 1993, anterior en seis años a los
Salmos del mar-.
La de ese "viaje" es
una forma actual de prosa sapiencial. Contra cerrazón, fanatismos,
prejuicios. Aunque peligrosamente presidida por el absoluto, que sería
otra manera, absoluta, de fanatismo.
Estas búsquedas y
proyectos de vida deben ser universales, por caminos de realidad y
naturaleza. Como Henry David Thoreau, el autor de Walden, de
quien Mora toma impulso para emprender su viaje esencialy casi diría lo
que es, a la vez, punto de partida y de llegada: "La mejor vida es le
mássencilla". Thoreau admira nuestro autor "es realmente libre".
¡Cuántas hondas
lecciones de vida auténtica en esta larga meditación de Eduardo Mora!
Una prosa de fácil curso, intelectualmente intensa y animada de
subterránea pasión, es el medio para internarse desde esas propuestas de
una vida auténtica hacia sombríos recovecos de lo humano, en muchos de
los cuales ya resulta arduo seguirlo. Como cuando anuncia "el origen del
mal en el mundo es un misterio muy grande", pero cree resolverlo con el
"misterio de Dios", lo cual, por donde se lo mire, es lo que los
dramaturgos griegos llamaban un "Deus ex nachina". Y como esa vida
auténtica ha de vivirse en sociedades, extiende búsquedas, que se tornan
para el caso discusiones y rechazos, a soluciones para nuestras
sociedades instaladas en poco menos que insalvables desigualdades y
acechadas siempre por la miseria. "La esperanza y deseo de que no exista
miseria ni explotación del ser humano sobre la Tierra, está inscrita en
un rincón privilegiado de los espíritus". Y entonces tiene que
encontarse con Marx, que también lo sintió, y creyó haber hallado la
fórmula mágica para hacer realidad esa esperanza.
En fin, ¡Cuánto hay
para leer y meditar y discutor en estas páginas!
Debo confesar al autor
que una sola vez me exalté hasta la protesta. Cuando puso entre las
desviaciones o aberraciones de lo humano esta: "Nacimos para madrugar y
nos volvemos noctámbulos"... Los que nacieron para madrugar son los
obreros y los burócratas.Para el sabio y creador ocio -y Eduardo Mora,
como diplomático, sabe de ocios así-nada como la noche.La noche silente,
la noche misteriosa, la noche fecunda.
A casi una década, a la
vuelta de la esquina entre siglos, en 2001, vino el siguiente libro del
prosista: Los valores y los siglos,subtitulado "Una revisión de
la historoia de la humanidad".
Un libro muy diferente
del anterior, como que salía del territorio de lo esencial -aunque, como
apuntamos, se veía forzado a internarse por las realidades sociales en
que esas esencias de lo humano debían encarnarse- al de la historia,
donde nada es esencial, como no sea la condena irrevocable a discurrir,
a ese panta rei, todo fluye, todo corre, que vio, hace ya tantos
siglos, el pensador griego. |