Volver a la Portada

Un siglo de libros

un libro completo

Creación

Literatura infantil y juvenil

Historia de la literatura ecuatoriana

Crítica de arte


 

 

Contactos y correspondencia

Av. NNUU 120 y Amazonas, torre C del CCNU. Piso 12 Telf. 593 2 2257452 Quito-Ecuador

Enviar correo electrónico a sigridrodriguezc@yahoo.com con preguntas o comentarios sobre este sitio Web.
Copyright © 2008 Hernán Rodríguez Castelo

 

 

EL TIEMPO , QUITO, 22/08/70 – MINI-ENSAYO

 

Acerca de un poeta comprometido y sus poemas

                                                                       

Hernán Rodríguez Castelo

 

        “Ya no se puede hablar de amor

         sin pensar en el tiempo inmenso de la siembra

         en las semillas preñadas de esperanzas

         pariendo flores nuevas sobre el continente

         y después

         redescubrir la vida en las espigas maduradas

         y saber que hay una cosecha de trigo

         a la espera de ser pan”.

 

         Esto era lo fundamental: que Manoel de Andrade sí es un poeta. Había abierto sus “Poemas para la Libertad” casi al azar y había sentido este viento nuevo agitar el tiempo y las espigas.

         Antes de que Manoel llegase a Quito había venido a través de los teletipos la noticia con sabor de alerta: “Lima, 1º (AP). – Manoel de Andrade Rita, brasileño, fue expulsado del Perú por realizar actividades “que constituyen un manifiesto peligro para la tranquilidad  pública y seguridad del Estado”

         Las comillas mostraban que la A.P. lo ponía aquello a cargo del gobierno peruano. Y el cable terminaba: “No se revelaron las acusaciones contra Andrade Rita”.

         Pues bien, las acusaciones contra Manoel de Andrade se resumen en una: hace versos.

 

POETA MAYOR

 

         Para 1968 Manoel de Andrade era ya poeta. Había triunfado en el I Concurso de Poesía Moderna en su estado de Paraná. Incluido en “Poesía viva”, importantes editoriales se interesaban por su obra. La prensa hablaba de “poeta mayor” y antologías recogían sus versos (como la de la Revista Civilização Brasileira). Tenía veintiocho años y, dejados atrás sus oscuros años de Rio Negrinho, Estado de Santa Catharina, triunfaba lo mismo en asunto dinero que en cenáculos literarios.

         Y de pronto se hartó de aquello, o aquello le pareció vacío.

          “Cantar lo que sucede es la mejor manera de identificarse con el tiempo en que se vive”, pensó, y echando a vagar la mirada en torno vio la miseria de los grupos marginados, la protesta de la juventud, los secuestros para procurar la libertad revolucionaria, la muerte de Guevara en Bolivia, las ansias como de parto de toda América, la insurgencia de un clero nuevo que se proclamaba como Iglesia de los pobres.

          Todo hombre que no sea ciego ni duro ha visto un día todo esto y ha tomado su resolución. Manoel de Andrade resolvió cantar la hora y las ansias de América. He ahí por qué me era dado conversar con él aquella noche en el pisito de otro poeta, que le había recibido como a hermano.

 

NO CARTEL.  SI AFICHES.

          Conozco muchos hacedores de poemas que encallaron, algunos definitivamente, en el cartel. De allí que este sea mi primer cuidado. Leo a Manoel de Andrade un poema cartelista y pongo a prueba su criterio artístico.

 “Eso es una cosa discursiva”, me dice, fruncido desde la amplia frente hasta el mostacho que le cuelga a los dos lados de la boca. “Eso no tiene dimensión poética”.

           Y  explana lo que para él sea aquella  “dimensión poética”: “ El poeta no puede dejar de poner corazón y belleza”. “Debe haber violencia y ternura también. Su odio  es un gesto de amor hacia el pueblo”.

            Parece llegada la hora de proponerle el asunto decisivo:

            “¿Cual le parece que es la diferencia entre la prosa y la palabra poética?

            “El poder de síntesis”  ---responde tras fruncirse un instante, y según su costumbre, me explica: “Poder de síntesis... hacer de cada verso un universo. Y tener cuidado de acabar. En todo poema mío hay un epílogo. El epílogo es muy importante”.

 

“YO SOY UN JUGLAR”

 

           Charlamos aún de otros asuntos. Repasamos su peripecia. Apenas “convertido” a la poesía  de protesta debió abandonar el Brasil porque se sentía perseguido. Fue a Bolivia. Dio allí recitales de su poesía en plazas públicas, en minas. Vivió el sobresalto. Llegaba, entregaba sus cantos y salía. Poniendo tierra por medio entre su fugitiva visita y guardianes del orden que iban a buscarlo. Su “Saludo al Che Guevara” era fijado como afiche en número de tres mil. Acabo en el Perú. Al Perú llevaba su primera publicación: “Poemas para la libertad”, editada en los talleres gráficos de la Universidad Mayor de San Andrés, de La Paz. En el Perú unas semanas de ocultamiento. Cantaba en un café. Cierto día los universitarios peruanos le pidieron sus grandes cantos revolucionarios. Y cuando fue llevado ante el Intendente, sobre la mesa había miles de ejemplares de esos cantos mimeografiados. Fue puesto en nuestra frontera. Por un azar caprichoso una maleta de poemas escapó de todas las vigilancias y de todas las aduanas, y hoy podemos leer sus “Poemas para la libertad” en Quito.

          “El poeta, dice Andrade como resumiendo su trayectoria de poeta comprometido, debe ir al mundo, captar su esencia y darla en canto”.

            “Hay que concebir al poeta como un tipo altivo, valiente”.

            “Yo soy un juglar”.

            “Yo no busco fama. Quiero identificarme con el dolor del hombre latinoamericano”.

            “Si se dice poeta revolucionario debe ser consecuente con lo que hace”.

            “Hay que hacer un arte que camine. Que cante el continente por donde pasa”.

 

             Y allí están sus versos, de claro corte whitmaniano:

            

              “canto a la multitud que entra y sale por los portones de las fábricas

              a los que ven nacer el día en el asfalto de las carreteras

              a los lavadores de autos y a los que venden loterías

              canto a los recogedores de basura y a los serenos

              a las largas filas de personas que esperan colectivos en las plazas...”

 

              Doy la bienvenida a Manoel de Andrade al Ecuador. En nuestro país que yo sepa, desde donde se me alcanza la memoria, a nadie se ha perseguido por hacer poesía auténtica. Una única ocasión, recuerdo, alguien amenazó a un pintor --- a Benedetti, concretamente -- con hacerlo “poner en la frontera”. Pero quien le amenazó así fue otro pintor. Un pintor comunista. Y el crimen que se reprochaba a Benedetti era haber hablado  mal  de nuestra  lamentable Casa de la  Cultura. Yo le dije  a  Benedetti que no

fizesse caso de fanfarronadas semelhantes. Que neste país da Escola Quitenha o artista recebia carta de naturalização. Que Manoel de Andrade faça poesia em nossa cidade e que nos dê a conhecer. E nos dê o testemunho de poeta honestamente comprometido com as angústias da América. Fazer uma reflexão sobre o sentido da arte nesta hora difícil do mundo, sempre resultará altamente proveitoso.    


Volver a la Portada

Un siglo de libros

un libro completo

Creación

Literatura infantil y juvenil

Historia de la literatura ecuatoriana

Crítica de arte


Contactos y correspondencia

Av. NNUU 120 y Amazonas, torre C del CCNU. Piso 12 Telf. 593 2 2257452 Quito-Ecuador

Enviar correo electrónico a sigridrodriguezc@yahoo.com con preguntas o comentarios sobre este sitio Web.
Copyright © 2008 Hernán Rodríguez Castelo