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Olmedo:
¡prensa libre!
José Joaquín Olmedo, el emblemático guayaquileño, dio lecciones
de actualidad sobre la libertad de prensaPor Patricio
Quevedo Terán
La empresa es sencillamente colosal:
redactar a través de varios volúmenes la Historia general de la
Literatura ecuatoriana. Hoy por hoy, la única persona que pudiera
asumirla es Hernán Rodríguez Castelo, justo quien ha aceptado el
desafío, sobre la base de su formación, labor tesonera y eruditos
conocimientos.
El más reciente tomo es un revelador estudio sobre José Joaquín Olmedo,
personaje de verdad crucial ubicado entre los últimos años de la Colonia
todavía, los turbulentos años de la Independencia y los primeros de la
organización republicana.
También el más emblemático de esa vivencia colectiva que es el
‘guayaquileñismo’ y, además, por si algo faltare, con plena vigencia
actual: no envejece, resulta siempre contemporáneo y aleccionador.
Si no, véase solo a modo de ejemplo aquello que Olmedo escribiera
dentro de una de las facetas menos conocidas de su obra: la de
periodista, mientras la actual Asamblea ecuatoriana se enreda y confunde
en torno de los proyectos de Ley de Comunicación.
En efecto, Olmedo es ante todo el poeta épico que cantó a Simón Bolívar
y también a Flores, el vencedor de la batalla de Miñarica; es el
iluminado orador de las Cortes de Cádiz, mientras denunciaba la
inhumanidad de las “mitas” americanas; el poeta lírico; el escritor de
epístolas, el guía de las primeras Convenciones ecuatorianas.
Pero de pronto, solo unos meses después de la revolución del 9 de
octubre, circuló el ‘Prospecto’ del periódico El Patriota de Guayaquil.
El ‘Prospecto’ equivalía a lo que ahora llamaríamos la ‘línea editorial’
y Rodríguez Castelo demuestra que lo redactó Olmedo.
Para Olmedo no cabe la menor duda que la libertad de prensa, como
aplicación concreta de la libertad de pensamiento y la libertad de
opinión, es un derecho natural de los seres humanos, por consiguiente
anterior y superior a los Estados y los gobiernos. Incluso sirvió como
epígrafe para el periódico, la ya entonces célebre frase: “En los
Estados libres la escritura debe gozar de la justa y natural libertad
que en sí tienen los dones celestiales del pensamiento y la palabra”.
Enseguida la constatación surgida de las evidencias históricas: “Los
tiranos la han visto siempre con horror y han procurado sofocarla para
oprimir más fácilmente a los pueblos”. Pero, claro, libertad tan alta
exige de no menos severas obligaciones, de una ética rigurosa: “Que se
exprese la opinión libremente, pero siempre con dignidad; que se
presenten los abusos de poder y de la magistratura, pero con decoro; que
se diga la verdad con franqueza, pero sin importunidad; que se ataque a
los vicios fuertemente, pero con probidad; que se descubran las artes de
la ambición, paliada con capa de celo y patriotismo…” En suma, Olmedo es
tan actual ¡que lo anterior parecería escrito el mismo día de ayer!
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