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MESA
SERVIDA
por León Alberto Serret*
Historia
del niño que era rey y quería casarse con la niña que no era reina/
Hernán Rodríguez Castelo. Ilustraciones: Celso Rojas.
Susaeta Ediciones, Colombia, 1993.
Cuando
uno toma entre las manos el último libro publicado de Hernán Rodríguez
Castelo, Historia del niño que era
rey y quería casarse con la niña que no era reina, cae
inmediatamente en algo que suele significar una trampa peligrosa: la nota
de contracubierta.
En
este caso, comienza de una forma creo fatal ("es una historia de amor
para niños y jóvenes, una de las primeras y más bellas que se hayan
escrito para ese público en nuestra lengua"), pero milagrosa e
indicutiblemente cierta.
Yo
le haría sólo este enmienda: sustituiría ña frase "una de las
primeras" por "una de las pozas", ya que pudiera resultar
arriesgado una aseveración de ese tipo si tenemos en cuenta que en las
dos última décadas la literatura para niños y jóvenes ha proliferado
de un modo alucinante, sobre todo en el ámbito latinoamericano.
En
cuento a que se trata de uno de los más bellos relatos de amor en español
para público infantil, juvenil (y adulto, ¿por qué no?), ¿quién,
asistido por un límpido espíritu de justicia, podría negarlo después
de haberse sumergido en ese mundo de luz y maravillas autóctonas del
ámbito
andino, en el cual se mueven sus personajes?
Yo sería más rotundo aún: la Historia del niño que era rey...
es deslumbrante por el manejo de la lengua, por la anécdota en sí y por
todo ese festín descriptivo a través del que nos conduce de principio a
fin; es deslumbrante por la puntería dramatúrgica con que se llevan
adelante los conflictos, dentro de un género donde esto no resulta nada fácil.
Es deslumbrante y se instala (lo digo sin miedo a equivocarme) como
uno de los clásicos fundamentales de este tipo de literatura en habla
hispana, y, por tanto, en habla universal.
Ya
es abido que, al menos la mayoría de las veces, nadie es profeta en su
tierra. En el caso de Hernán
Rodríguez Castelo, ¿podría insinuarse tal vez algo de eso?
Porque, cuando llegué a Quito hace ya dos años, nadie me dijo que
él, además de connotado crítico de arte, era autor de libros
magistrales en una campo en el que yo venía esforzándome hacia veinte años.
Después, por suerte, cayó en mi poder El
fantasmita de las gafas verdes , y me quedé extrañado y consternado
por el hecho de que una obra de esa categoría no hubiera trascendido aún
lo suficiente, ni siquiera dentro de su país de origen.
Al
igual que El fantasmita ... la Historia
del niño que era rey tiene
aroma de libro trascendente, aroma y sustancia verdadera.
Por todo lo antes dicho y también por su capacidad de ir de lo
universal a lo local y de lo local a lo universal con idéntica soltura.
Por el tono desenfadado y lúcido, libre de esquemas y prejuicios
verbales. Por su desafío a
las normas y tabúes de una sociedad cuajada de machismo, racismo y dogmas
religiosos (denominadores comunes en toda América Latina).
Por ser una fuente de imaginación y contenidos que, si bien a
algunos pudiera parecerles imperfectos o cuestionables, tienen el buen
gusto de dejar la puerta abierta a diversas interpretaciones, y al mismo
tiempo la fuerza y el requiebro de luz imprescindibles en la lucha por el
mejoramiento humano.
León
Alberto Serret
Poeta
y narrador cubano, radicado en el Ecuador.
Ha obtenido los tres primeros premios más importantes de la
literatura cubana para niños y jóvenes en su país: Premio "La Rosa
Balanca" al mejor libro del año, 1987.
En 1991, el Ministerio de Cultura le otorgó la Orden
"Centenario de la Edad de Oro" por su labor en el desarrollo de
la literatura para niños y jóvenes en el país durante veinte años.
Boletín
Informativo; Centro Ecuatoriano de Literatura Infantil y Juvenil; año 4 Nº
9, Edición trimestral; Quito, enero de 1994.
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