Prólogo
de este nuevo diccionario

Edición
Centro Cultural Benjamín Carrión, 2006.
Informes
Telf. 593 2
221895
Jorge
Washington y U. Páez. Quito-Ecuador
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En
cierto sentido, esta es la segunda edición de un libro, el Diccionario crítico de artistas plásticos del Ecuador del siglo XX
–publicado en 1992,
hace ya algún tiempo agotado y cada vez más requerido–. Una edición,
como solía advertirse en libros especialmente cuidados, “notablemente
aumentada”.
Pero en otro sentido
esta es una obra de tal novedad que, no obstante su relación con un libro
ya editado, se tiene bien ganado eso de Nuevo para calificar el título antiguo.
Dos parecen ser los más
decisivos factores de novedad. El primero, haber pasado de 449 artistas a
679, lo cual ha exigido dar el salto de las 418 páginas, que era ya un
libro respetable, a cerca del millar, lo cual lo torna en libro imponente.
Pero tal salto en número
de artistas, con ser importante, por todos los nuevos a los que se
extiende esta carta de ciudadanía, no es lo más importante, ni lo que da
razón cabal de tal crecimiento en número de páginas. Lo es el segundo
factor de esos dos anunciados. Y es que a no pocos artistas que allá, al
voltear la década de los ochenta hacia los noventa, tenían ya obra válida,
pero primeriza y más de anuncio que de realización plena, este nuevo
libro los sigue en una trayectoria que en la última década larga ha sido
sólida, interesante, en casos notable y hasta brillante. Varios de ellos
han llegado ya a ser figuras importantes de la plástica ecuatoriana, y
ello a través de etapas o trancos, aunque cortos en el tiempo, largos en
su afirmación de creadores.
Y en esta segunda
novedad han de incluirse también artistas ya consagrados para ese 1992,
pero que han seguido dominando retos y abriéndose a nuevas empresas de
creación artística, originales, realmente nuevas –sin lo cual apenas
pudiera hablarse de creación–. También ellos han crecido en el espacio
que se les ha dado y han hecho crecer tan significativamente este Nuevo Diccionario.
Quedan fuera de esa
condición de “nuevo” del Diccionario
artistas que en la década siguieron produciendo obra, de alta calidad
en los mejores casos, pero sin aliento innovador. Si solo de ellos se
tratase, esto no habría sido sino una segunda edición.
Los criterios con que
se ha procedido, los métodos de trabajo y el conjunto de
limitaciones que se ha debido enfrentar, así como el orden con que
se ha presentado la información y la importancia que en ella tiene la
parte crítica, son, salvo algo que luego se dirá, los mismos del Diccionario,
y, en tal virtud, se impone volver a cosas ya dichas en el prólogo de
aquella primera edición.
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