Banco
Central del Ecuador publica libro de Rodríguez Castelo sobre Leonardo
Tejada
Tejada: en un libro total
Por Juan Carlos
Morales Mejía
Uno de los pintores más importantes del siglo XX, de Ecuador, Leonardo
Tejada está presente en una obra estéticamente concebida y críticamente
acertada destinada no solamente a coleccionistas sino al público artístico
del mundo, acostumbrado a parámetros de calidad. De allí que este libro de
320 páginas de gran formato, que incluye reproducciones de pinturas de
Tejada en una carpeta adicional, escrito por Hernán Rodríguez Castelo,
muestra el camino que el Banco Central del Ecuador debería realizar con los
pintores más representativos del país.
Una parte vital de la obra es cuando “se revive la compleja hora social y
política en que escritores y artistas de la generación llamada de los 30
irrumpió en el vivir nacional sensibilizando a la sociedad hacia los grupos
marginados, en especial al indio, el cholo y el montubio, el campesino y el
obrero”.
Este hecho fue una evidente ruptura donde el denominado clasicismo –de un
profundo eurocentrismo- no solamente acaparaba los concursos sino que ponía
los parámetros de una estética, que muchas ocasiones le hacía la corte al
poder imperante.
Sin embargo, Tejada no ancló su trabajo únicamente en el realismo social,
sino que se aproximó hacia el arte popular donde presentó hipótesis y
teorías, que después se plasmarían en su obra. De la cultura popular
dijo: “Casi siempre se les ha prejuzgado como un estigma que les condena a
considerarlas como una manifestación de un pueblo atrasado y por
consiguiente han sido repudiadas por la sociedad de nuestros días”, como
se lee en la página 111, de un ensayo del pintor, denominado “El arte
popular en el Ecuador”.
Tejada, sin abdicar de su originalidad, miró a los contemporáneos como una
manera de reinterpretar su propio universo. Las obras fundamentales de Miró,
Klee y Chagall fueron un aliciente para Tejada (Latacunga 1908-2005). El
pintor amó profundamente a su patria por lo que su obra es un abanico de su
folklor, sus creencias, sus costumbres ancestrales que lo llevó a fundar el
Instituto Ecuatoriano del Folklor, sin olvidar un compromiso social hacia
los más desprotegidos.
“Mi naturaleza telúrica de pertenecer a esta parte le planeta (por decir
Ecuador) donde habitan hombres semejantes y comunes a los de otra parte de
la tierra, me hacen sentir también universal, con poder de crear nuestras
propias imágenes artísticas”, se lee en la página 233, donde además
aparece una reproducción que recuerda a la influencia de Chagall.
Gracias a la generosidad de su hijo Pablo Tejada, quien facilitó la mayoría
de las obras para ser reproducidas y el fotógrafo Jorge Delgado por su
acuciosidad, esta obra muestra al crítico Hernán Rodríguez Castelo en un
momento especial de su valioso aporte al arte de Ecuador, porque logra crear
un libro fundamental de la pintura del país, que se suma a su intensa
actividad y el legado de su obra “Nuevo Diccionario crítico de artistas
plásticos del Ecuador del siglo XX”. Profundo conocedor de las corrientes
y expresiones, el autor fue, además, amigo personal de Tejada y eso se
evidencia en el afecto con que está concebida esta obra que incluye también
fotografías del maestro y, obviamente, un estudio riguroso de un pintor de
una temática variada e intensa.
Hay que insistir: el Banco Central del Ecuador, con este libro de calidad,
nuevamente se convierte en el custodio de la plástica de un país signado
por la desmemoria. Rodríguez Castelo logra un prodigio: a través de la
mirar la obra del pintor Tejada nos muestra una deslumbrante panorámica de
la cultura ecuatoriana de la segunda mitad del siglo XX, acompañada de una
obra que fluye y cuestiona, que ama profundamente a su país pero también
lo interroga, como para preguntarle de qué barro viene y cuál es su
embrujo.
Juan Carlos Morales Mejía
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